Santasemana...
Publicado en Diario de Noticias - MILENIOLunes, 2 de abril de 2012
La única sorpresa que suele traer esta semana para el común de los mortales es si cae en marzo, a comienzos de abril o a finales, y es que tener la celebración al albur de la Luna no deja de tener su gracia. En esta sociedad tan acostumbrada a fijar las citas en el calendario como si fueran sagradas seguimos moviendo esos exiguos días de vacaciones conforme los dictados no del buen tiempo, ni de la Luna, sino de un calendario ritual hebreo de hace más de dos mil años. Comprenderán que juntando las dos cosas que más morboseo siempre, la astronomía y la irracionalidad de las creencias, este asunto sea uno de mis preferidos: que baile el primer plenilunio de primavera por el calendario, que nosotros seguiremos su danza incluso cuando nada sepamos del cielo ni de las tradiciones sagradas de libros gordos.
Decía que por lo demás la Santasemana se repite año a año con terquedad. En lo meteorológico pasaremos la semana quejándonos (¿No estamos en Abril-Aguas-Mil, lumbreras? Pues eso). En lo laboral tampoco falla: siempre tenemos una huelga en algún estamento privilegiado del transporte aéreo de viajeros. Nos quejamos de la consabida subida de los precios de la gasolina explicada por las inestabilidades del mercado internacional (un arcano más profundo que lo de que dios sea uno y trino).
En los últimos años algunos ateos han decidido que ellos también tienen derecho a la celebración lunática tras el equinoccio, y piden permiso para pasear la Tetera de Russell y otras imaginarias figuras retóricas de los sindioses. Y de nuevo los poderes civiles lo prohíben: lo de procesionar es exclusiva católica. Y sus creencias son tan respetables que hay que acallar cualquier crítica, que ellos toman (¿poniendo la otra mejilla? nones) por agresión delictiva. Se le entiende muy bien al director general de la Policía Nacional cuando dice en Palencia que la Santasemana sirve como dique contra la laicidad. ¿Un dique? No, un muro, el que blinda la Santasemana para que todo siga como siempre. Pagado con el dinero de todos, creyentes o no. Por los siglos de los siglos...