Puto iPhone...
Ando poco comunicativo, entre tanta cosa de redes sociales y el mundo ahí fuera que no deja de joder con noticias chungas y chunguísimas y demás atropellos a las libertades y eso... Y para colmo, llevo dos meses sufriendo los problemas de los monopolios (o casi monopolios) y demás técnicas del mercado. Seguro que algún economista desarrolló un corolario al principio de incompetencia sobre lo que le sucede a una compañía cuando se hace de facto con un mercado y luego pierde cuota, aunque siendo la preponderante. No falla: la culpa, al cliente, al usuario, y que se jodan.Tengo un iPhone desde hace año y algo, en aquella época en la que desde luego si uno quería conectividad y manejo sencillo tenías que pactar con el diablo, digo, con Apple. Nunca me han molado los inventos de la manzanita, aunque siempre he usado aquellos que ofrecían algo que no podían hacer otras empresas -normalmente por menos precio, aunque ciertamente con menos diseño y menos tontería-. Así, usé un Mac cuando sólo con ellos podías montar algo que llevar cómodamente a la imprenta con razonable seguridad de que iba a salir como lo habías diseñado... y así cayó en mis manos un telefonino de la marca. Había probado y hablado con gente que tenía otras alternativas y, ciertamente, era tentador.
El segundo error fue contratarlo con Movistar, compañía a la que he entregado decenas de miles de euros en los últimos años y que me trata como una mierda siempre. En eso, ciertamente, no han cambiado mucho. La oferta suponía casarme 2 años más con ellos, pero todo fuera por el smartphone y un contrato baratito. La cosa fue bien al principio, aunque la odiosa sensación que produce ser tratado como un imbécil que potencialmente vas a robarles con que te obsequia Apple es algo que solo he sentido en los aeropuertos (especialmente cuando voy de rapado y con barba poblada a lo talibán). iTunes y su AppStore es una de las vejaciones a las que la nueva sociedad nos somete, simplemente porque les dejamos. Y yo les dejé, claro. Soporté con estoicismo que se empeñara en reordenar mi biblioteca de música, que no me dejara meter mano a fotos que eran mías y solo mías, salvo que pasara por sus alambicadas maneras -que otros, dioses qué pasa con los gustos y los colores- encuentran tan cool. Me aguanté como cualquiera porque por lo demás, podía usar el teléfono de forma eficiente como terminal para muchas cosas, comprobando que el Internet que servidor usa, en cualquier caso, teclea mucho más de lo que un usuario medio de smartphone suele hacer, por lo que se ve.
El teléfono tenía sus prontos, como eso de decidir no sincronizar nunca decentemente mi calendario de google con el del iphone. ¿Por qué? Imposible de saber, porque ambas compañías (la estupidez que consiguen los oligopolios, recuerden) son incapaces de cooperar adecuadamente para que el usuario salga ganando. ¿Usuario? Una mierda, cliente y en tanto les compres cosas, que si no ni eso. Con el tiempo desarrolló alguna pequeña patología más: si la hora la dejaba sincronizable por el mismo chisme, al cabo de un rato decidía irse 36 horas al pasado y regalarme un dejavu que ríete de los Wachoski.
Por supuesto, miraba por ahí y veía que eran cosas que a veces pasaban, pero nada, solo a mi en mi entorno. Pensé que era la misma mala suerte que -estoy seguro, aunque se que es una percepción sesgada por mi parte- hace que la cola en la que me coloco sea siempre la más lenta de todas. O sea, que simplemente miraba yo como si el universo manzano conspirara contra mi. Las sucesivas (y obsesivas) actualizaciones no mejoraban la cosa. Unas cuantas restauraciones desde cero (¿lo han hecho alguna vez? es descubrir que no solo tienes que volver al inicio, sino que te regalan los dolores del parto para que no lo intentes demasiado, eso más restablecer todas las contraseñas, las redes, las historias... y el calendario que sigue sin querer recoger todas las anotaciones del gcalendario.
Iba pasando el tiempo y unos meses después me regalaron un iPad, aunque eso es otra historia que no contaré mucho porque pocas veces me he portado tan mal con alguien a quien quiero. Solo diré que lo tuve unas semanas, vi que tenía la misma manía de olvidarse de mi agenda y que por lo demás solo aportaba una pantalla gorda y un tacto frío levemente sensual en ciertos momentos... Y lo dejé. Si eso iba a sustituir mi notebook de viaje, necesitaba más fuste. Y eso que le había puesto un teclado bluetooth (otra tecnología estúpida y abusona, que nos colaron por lo chachi que era... en fin).
En la historia con mi iPhone hubo un momento glorioso que fue cuando pude conectarlo a mi notebook que corre en Ubuntu (qué maravilloso también había sido, pero eso también es otra historia, el momento en el que desinstalé el estúpido windows 7 starter o como se llame, un sistema demediado y tarado que solo el contubernio de HP con Microsoft permite que tenga éxito de venta, y pude ponerle un sistema operativo sencillo y eficiente) y hacer lo de la conexión a internet, el tézerin ese tan mono. Ah, y además me permitía entrar en el disco y copiarme cosas sin pasar por iTunes... Ah, claro, es que los jodidos chicos de la manzana además ignoran al pingüinillo.
Hace unos meses, sin embargo, comencé a notar que cuando estaba usando la cámara de fotos, o algún programa de esos para subirlas a redes sociales (ya saben, instagram sobre todo) de repente el iPhone se apagaba del todo. Lo reiniciaba y al poco otra vez apagado. A la tercera solía aparecer ese odioso icono de que no tenía nada de batería. Aunque lo hubiera desconectado hacía 10 minutos... Dejé de usar la cámara a la vez que el 3G, no fuera a gastar mucho, pero al cabo del tiempo, simplemente con correr el solitario y mandar un sms se colgaba todo.
Por supuesto, la cosa era llevar a arreglar el teléfono a una tienda Movistar, pero quedándote sin el durante... ¿dos semanas? Aunque me condenaba a no usar el iPhone como smartphone más que conectado a una fuente de alimentación (el notebook se ha seguido portando como un caballero en estos tiempos), seguí con él porque no podía, con tanto viaje, quedarme sin conectividad por el notebook, a expensas de que el hotel haya comprendido que el wifi no es dañino ni tampoco un lujo que puedes cobrar a euro la hora, como sigue pensando un sector demasiado amplio de la hostelería...
Al final me decidí, aprovechando que me iba dos semanas al Perú, y ahí se quedó Movistar con mi iPhone. A la vuelta, ahí me lo devuelven pero... ¡oh!... con una carta del servicio técnico de Apple que ha mirado el chisme en las verdes tierras irlandesas (el taller lo tienen en Cork, qué cosas) diciendo que lo han mirado y que funciona perfectamente. Que no tenía nada.
Vaya. Llego a casa, lo vuelvo a enchufar al pc y al iTunes y restauro y... como pueden suponer, no ha cambiado nada. Vuelvo a llamar a Movistar para explicarles que muy bien, pero que no hemos avanzado nada. Me sugieren que hable con la compañía con la que contraté un seguro, y lo hago, que uno es muy disciplinado. Pero ciertamente, la compañía no sabe ni quiere saber nada de un mal funcionamiento (¿un robo habría sido más efectivo..? ya, ya...) así que hablo de nuevo con Movistar -les omito lo divertido que es hablar con un sistema de reconocimiento de voz y luego repetir todo varias veces a los diferenetes operadores que van pasándose al pesado- y tras dejar una queja les pregunto si hay opciones. Me avisarán, pero no me dicen nunca nada más. Decido hablar con Apple, a ver si su servicio técnico sabe algo, pero me pierdo en una eterna conversación con un amable operador que dice que tienen un problema porque mi teléfono, el del IMEI que tiene el mío (compruebo que es el que sale en la pantalla, el que viene detrás donde la batería, el de la caja, el de la factura...) no figura en sus archivos, o tiene un problema de fechas... Tras varios días en que solventan su problema de fechas, deciden que no saben nada, que el teléfono tiene más de un año y que por ellos como si lo uso como calzador.
Ante la duda de que haya alguna jodida aplicación que se hubiera quedado por ahí jodiendo y gastando batería, también rehice todo desde el principio, y... nada. (Me queda sacar tiempo y engañarle a JHerme para que restaure su sistema con mi chisme, a ver si a él no le hace cosas raras... pero esto es algo tan supersticioso que no tiene mayor sentido: yo probé toda mi instalación en otro iPhone y funcionaba a las mil maravillas... así que por mucho que digan los de Cork se que el aparato está mal).
Y en esas estoy, gozando del exquisito trato con los operadores que, simplemente, no me dan servicio alguno. El colmo fue que me llamaron de Movistar para valorar el servicio que me habían dado en la atención: los parámetros por los que me preguntaron, sobre formalidad y amabilidad del trato, rapidez en atenderme y demás tenían nota buenísima, pero nunca me preguntaron si me habían solucionado el problema. Qué cosas, será eso de marcar algún objetivo de atención al cliente o ponerse un ISO de esos.
Total, que ahora me queda volver a la tienda Movistar, contarle todo esto a la persona que pasará de mi como de la mierda, que tomará mi teléfono y se lo quedará durante dos semanas para volver a lo mismo. O a ver qué sacan. Mientras tanto, si a alguno de los lectores se les ocurre algo o quiere cambiarme su Samsung Galaxi II por el iPhone tan suyo, pues ya saben dónde estoy. Gracias.
Puto iPhone. Eso.