Fin Del Mundo
Publicado en Diario de Noticias - Milenio
Lunes, 20 de junio de 2011
En lo que llevamos de año nos han anunciado el fin del mundo ya en tres ocasiones. Es evidente que, o todo se ha acabado pero no nos hemos dado cuenta aún, o esas predicciones fallaron completamente. Como siempre. Unos devotos cristianos estaban convencidos de que el pasado 21 de mayo llegaba irremediablemente el fin de los tiempos. Las almas buenas iban a ser arrebatadas para sentarse junto al hijo del padre, y así conformar los ejércitos que habrán de derrocar al mal dentro de nada. O bien resulta que no hay ni un alma buena, o algo les ha fallado en los cálculos. No importa realmente: se ha comprobado que cuando una confesión decreta la llegada del apocalipsis, al día siguiente (siempre que no hayan decidido inmolarse, que también ha pasado más de una vez) los fieles no desertan, sino que reafianzan su fe porque lo interpretan como una segunda oportunidad, un tiempo de descuento al que se aferrarán para intentar ser más fieles aún. Son cosas del procesamiento complejo del encéfalo humano, que fascinan a quienes estudian nuestra mente. Unas semanas antes, una profecía de diferente tipo, de esas que calculan posiciones planetarias, hablaba de una gran catástrofe que no sucedió. En Roma se consiguió alertar lo suficiente a la población como para que muchos se fueran, por si acaso. Otra maravilla de la plasticidad de la conducta: el comportamiento supersticioso. Y eso por no hablar de quienes juntan supuestas profecías con datos de la ciencia interpretados del revés y se montan un fin del mundo como ese de los mayas de 2012 con el que, eso está claro en los más de 4.000 libros publicados en EEUU sobre el tema, es ante todo un gran éxito comercial. Por supuesto, ese día tampoco acabará el mundo, pero dará igual porque ya tendrán preparada otra fecha, otra excusa, otra alucinación. Y de nuevo volveremos a tener que aguantar sus monsergas, y a sorprendernos porque hay gente que siga creyéndoselas. Y todo está ahí, en nuestra cabeza. Tozuda y necesitada acaso de que antes de que deje de funcionar venga el armagedón y se lleve también a todo lo demás por delante.