Obispos... Y Cardenales También
Se están meneando y circulan como la pólvora (si es que está lleno el mundo de anticlericales, dirán los meapilas habituales que miran a otro lado cuando un jerarca de su secta dice o hace alguna cosa tan poco cristiana) las declaraciones de Rivera que, con eso de que en México DF el PRD aprobó el matrimonio homosexual, se han convertido en habituales en las últimas semanas especialmente. No le dejen subir a un púlpito, que se pone a largar del pecado nefando, del vicio y demás, igualando homosexualidad y pederastia, qué menos (vale, en esto, frente a otros temas, le reconozco a cualquier cura católico un conocimiento de primera mano con bastante probabilidad). Lean, lean, lo que recogía la católica agencia ACIprensa hace un mes:
"esta ley -que equipara la unión entre personas del mismo sexo con el matrimonio entre un hombre y una mujer- ha abierto las puertas a una perversa posibilidad para que estas parejas puedan adoptar a niños inocentes, a quienes no se les respetará el derecho a tener una familia constituida por una madre y un padre, con los consecuentes daños psicológicos y morales que provocará tal injusticia y arbitrariedad. Esto, desde luego, es absolutamente inadmisible y condenable".
"…Nuestros niños y jóvenes corren un gravísimo riesgo al ver como normales este tipo de uniones, y pueden entender equívocamente que las diferencias sexuales son un simple tipo de personalidad, dejando así de apreciar la dualidad de la sexualidad humana, que es condición de la procreación y, por tanto, de la conservación y desarrollo de la humanidad".
No existe, prosiguió, "ningún fundamento racional o ético para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia. El matrimonio es santo, mientras que las relaciones homosexuales contrastan con la ley moral natural. Los actos homosexuales, en efecto, 'cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso'
Pero no contento con esto, en el semanario Desde la Fe, que edita la Arquidiócesis de México que dirige Rivera, y que se encarta en más de medio millón de periódicos que edita la Organización Editorial Mexicana, amén de repartirse en las parroquias, se recogen sus claros y caritativos posicionamientos sobre el tema:
La Arquidiócesis de México afirmó que entre las “verdaderas razones” de la Iglesia católica para oponerse a que personas del mismo sexo adopten niños, está la autoridad moral que le confiere la “vergonzosa y dolorosa experiencia” que ha tenido por casos de pederastia de algunos sacerdotes, y la “grave posibilidad” de que una pareja de homosexuales desee adoptar menores “con el perverso propósito de usarlos para pornografía infantil, abuso sexual, prostitución, etcétera”.
(...) Es “porque la Iglesia ha tenido esa vergonzosa y dolorosa experiencia –que ha reconocido, por la que ha pedido perdón y tomado medidas para corregirla y evitarla–, por lo que tiene autoridad para alertar del peligro que corren los niños que se desarrollan en un ambiente de homosexualidad”.
(...) “Por bien intencionados que fueran unos ‘papás’ homosexuales, su solo estilo de vida afectará de muchas maneras al niño. Si dice: ‘de grande quiero ser como mi papá’, ¿a qué se referirá?, ¿a usar falda, maquillarse, invitar a otros hombres a dormir con él?"
(...) “Por otra parte, no se puede dejar de mencionar la grave posibilidad de que una pareja de homosexuales desee adoptar niños con el perverso propósito de usarlos para pornografía infantil, abuso sexual, prostitución, etcétera.”
(...) "No puede ser benéfico para un niño desarrollarse en un ambiente homosexual. Lo prueban numerosos testimonios de quienes han pasado por la traumática experiencia de ser criados por homosexuales. Ejemplo de ello es Dawn Stefanowicz, en cuya página web (www.dawnstefanowicz.com) se enlistan más de veinticinco efectos que, como numerosos expertos han comprobado, sufre un niño en estas situaciones".
Las afirmaciones aparecen recogidas entrecomilladas en diversos medios (La Jornada, Agencia Diocesana de Noticias (Toluca), Diario Digital Transexual), así que las tomamos como textuales. Sin duda un gran orador, Rivera, no duda en atacar como sea a algo tan bárbaro como permitir que dos personas homosexuales contraigan matrimonio entre ellas. Leo en wikipedia que igual celo mostró no hace demasiado en defender a un presbítero, Nicolás Aguilar Rivera, "perseguido por la policía de Los Ángeles, California, Estados Unidos, y acusado de abuso sexual a más de un centenar de menores (pederastia), tanto en Estados Unidos como en México. Entre las acusaciones que pesan en contra del prelado mexicano incluyen las de brindar protección al presbítero, cuando era obispo de Tehuacán, Puebla." Enlazan a La Jornada:
Ustedes olvidarán pronto lo que les hizo, propuso el cardenal a los niños denunciantes
Norberto Rivera supo todo y protegió al pederasta Nicolás Aguilar Rivera
"A mí me gustan mucho los niños", expresaba el abusador, narran algunas víctimas
"Ustedes olvidarán pronto lo que les hizo el padre Nicolás Aguilar Rivera. Al rato, ya ni se acordarán. Deben saber perdonarlo. El padre es un hombre enfermo". Con esta frase el cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de la ciudad de México, intentó convencer a las víctimas del cura pederasta para que guardaran el secreto y no acudieran a las autoridades a denunciarlo, luego de que el presbítero violó a más de 60 niños de la Sierra Negra de Puebla. (...)
Busco en el SIAME (Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México) y encuentro su Editorial, alucinante, que aquí mismo copiopego (entre otras cosas porque el diseño de la página hace que ésta se vea como el culo)
¿Derechos humanos de quién?
domingo, 10 de enero de 2010
La Iglesia ha tenido la "osadía" de manifestar su inconformidad con la ley aprobada en la capital del país, para dar reconocimiento a las uniones de personas del mismo sexo en la categoría legal de "matrimonio" y a su consiguiente derecho de adopción de menores. La reacción no se ha hecho esperar: los insultos y las descalificaciones en contra de la Iglesia Católica y de sus ministros se han multiplicado en estos días, no sólo en las expresiones de algunos políticos de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, sino también en muchos analistas y comentaristas en los medios de comunicación, quienes han manifestado el grado de intolerancia al que hemos llegado en México.
Los analistas, especialmente en los medios de comunicación impresos, no se detienen en su crítica destructiva y sin bases contra la postura expresada por la doctrina de la Iglesia, poniendo por todo argumento que ya no estamos en la Edad Media, sino en el siglo XXI, como si hablar de la realidad humana y de su valor dependiera de una época y no de una serie de principios sobre la persona, la sociedad y sus instituciones. Los políticos, con lo único que reaccionan es con su estribillo tan manido como absurdo del "Sacrosanto Estado Laico", amenazando "aplicar las leyes con todo rigor" para acallar la voz de la Iglesia, y con ella los valores de los creyentes de este Estado democrático que se llama México.
Es tiempo de respeto de unos y otros, es tiempo de diálogo y no de actitudes intolerantes en nombre del laicismo, por parte de quienes detentan el poder pero olvidan que son servidores, desde el gobierno, de un pueblo que tiene valores religiosos, y los vive y celebra de manera libre y natural en su existencia diaria, como personas, como familias y como sociedad. Es tiempo de hablar con argumentos, tratando de escuchar las razones de unos y otros, dejando de lado las actitudes intransigentes y viscerales que nos impiden escuchar, pensar y tomar las decisiones más convenientes con mayor respeto a todos.
En esta polémica que apenas está iniciando, nos hemos encontrado ya con este grupo de políticos y de comunicadores incapaces de dialogar: hablan de libertad, sin estar dispuestos a reconocer la libertad de quienes no piensan como ellos; hablan de tolerancia, sin ser tolerantes en lo más mínimo; piden respeto, usando la calumnia y el insulto a cada paso; se escudan en la democracia, utilizando métodos fascistas para imponerse; quieren defender los derechos humanos, pero pasan por encima de los derechos de los más indefensos, sin mayores cuestionamientos, además de negar el derecho a la libertad religiosa, a la objeción de conciencia y a la libertad de expresión.
Esta ley sobre el reconocimiento de las uniones entre personas del mismo sexo en calidad de matrimonios, puede discutirse desde muchos ángulos, pero hablemos de una de sus consecuencias más preocupantes: el derecho a la adopción de infantes. ¿Cuál derecho es primero, el de un niño que, en condiciones de necesidad por la carencia de una familia, debe ser apoyado de la mejor manera por la sociedad, por las leyes y las instituciones, o el derecho de alguien que, pasando por encima de las instituciones básicas, reclama para sí un derecho, sin tomar en cuenta los derechos del niño?
Evidentemente un pequeño en situación vulnerable debe ser apoyado por la sociedad y sus instituciones, cuidando escrupulosamente sus condiciones de bienestar y desarrollo. Este es el verdadero punto de discusión: los niños. Dejemos los insultos, debemos actuar con mayor responsabilidad como sociedad, como Iglesia y, por supuesto, como gobernantes. Esperamos que los gobernantes de nuestra Ciudad estén a la altura de lo que la ciudadanía les ha confiado.
Sin palabras.