El Científico De La Silla De Ruedas
Publicado en El Mundo, jueves 25 de septiembre de 2008, página 33 (Ciencia), que el diario dedica a la visita a España de Stephen Hawking. El principal titular del reportaje de Pablo Jáuregui dice:Hawsking: "La física deja poco lugar para los milagros y Dios"Me pidieron un artículo de opinión para complemetar al artículo principal que, ese sí, puede leerse en la versión web aunque con otro titular.
Stephen Hawking es el científico más conocido del mundo. Posiblemente no tanto como lo fue -y en cierto modo sigue siendo, calificado como fue “hombre del siglo XX”- Albert Einstein, pero en cualquier caso muy por delante de cualquier otro científico. Los galardonados cada año con los diferentes premios Nobel no llegan nunca a ser mencionados en una portada de diario, pocas veces se llega a comprender qué investigación les hizo merecedores de tal distinción. La ciencia no es noticia principal, y el ejemplo más palmario es que sólo Stephen Hawking lo es. Y con éxito de masas, algo más incomprensible si tenemos en cuenta que hablamos de un físico teórico, cuya labor divulgadora ha seguido la recomendación einsteniana de hacer los contenidos de la ciencia más asequibles, más ligeros, pero sin permitir nunca que pierdan el rigor. Esto significa que la divulgación de Hawking es “de altura”. Su primera publicación para el gran público, aquella “Breve historia del tiempo” fue, aunque de los más vendidos de hace veinte años, quizá uno de los menos entendidos. Pero resultaba tan apasionante que nos contara cómo están entrelazados la materia y la energía, el espacio y el tiempo que casi todo el mundo lo intentó. Quizá sólo por eso ya merece la pena. Gravitación, física cuántica, geometrías y dimensiones que no se pueden visualizar... Son las herramientas con las que Stephen Hawking va tejiendo sus libros, consiguiendo que la gente hable de cuestiones tan abstrusas como flechas del tiempo o agujeros negros.
Si Hawking se apuesta unos euros a que algo no funciona, como ha pasado recientemente a raíz de la puesta en marcha (fallida, por el momento) del anillo acelerador de partículas del CERN y la búsqueda de esa misteriosa partícula llamada bosón de Higgs, esa apuesta aparece en los periódicos. Si presenta con su hija un libro para los más pequeños, de repente su visita abre los telediarios y convoca a cientos de personas delante del auditorio. Estoy casi seguro que si Hawking un día se levantara de la silla que le permite moverse y relacionarse con el mundo sobrellevando una dura enfermedad, todos gritaríamos milagro, y posiblemente lo convertiríamos en un santo de la ciencia.
Afortunadamente, sin tener que llegar a ello, me enorgullece que el Consorcio y la Universidad de Santiago de Compostela hayan reconocido con el Premio Fonseca este papel de figura de la ciencia que ha trascendido los artículos en revistas profesionales, o el reconocimiento académico (que ya lo tiene desde hace decenios, además). Este galardón, que nace ligado a una ciudad que ha sido siempre referencia en el mundo de las ideas y del conocimiento, se engrandece también al poder contar con la presencia de ese científico de la silla de ruedas, el más famoso del mundo. Ese que, afortunadamente, permite que de vez en cuando la ciencia exista para autoridades y políticos. Enhorabuena, profesor Hawking; enhorabuena Santiago.n