LaiZismo
Olé Cebrian (y mira que es poco santo de mi devoción), pero el artículo de opinión en su diario, El País, merece un elogio. Y se agradece que el diario global se haga eco de estas palabras tan necesarias. Estoy en un dilema: o copio entero el artículo aquí, o dejo el enlace. Es que me da pena destrozarlo y dejar sólo unas frases... (ya ven, hoy tengo el día en plan derechos carpetovetónicos de copia). Bueno, les dejo el principio y luego siguen leyendo:El honor de dios
Juan Luis Cebrián
El laicismo sólo puede ser radical, pues ha de garantizar la total separación entre el Estado y cualquier tipo de confesión religiosa, incluida la mayoritaria
Sabemos que el cardenal Rouco Varela no es partidario del divorcio y así nos lo dio a conocer a finales del año pasado, con gran aparato propagandístico y mediático, rodeado de sus pares y jaleado por sus fieles. Pero sabemos también que la excepción confirma la regla y que hubo un divorcio concreto que sin duda no le debió sentar tan mal. Me refiero al de la princesa Letizia (con z de Zapatero), gracias al cual pudo el clérigo oficiar con la pompa debida los esponsales del heredero de la Corona en una escena digna del mejor Anouilh, en la que el honor de dios y el del rey parecieron, por un momento, evidenciarse absolutamente unidos.
Viene esto a cuento de las reacciones públicas tras la reciente manifestación episcopal en defensa de la familia, que no fue tanto un acto religioso como político, en el que los discursos se impusieron a las plegarias, y los prelados, lejos de la cristiana costumbre de implorar por los que nos gobiernan, se dedicaron a acosarlos. A partir de ese día se ha organizado un pequeño guirigay en torno a las expresiones de la Iglesia sobre los asuntos de la política y las interferencias que el Estado padece por parte de los poderes fácticos, entre los que no es el menor el de la Conferencia Episcopal, aunque tampoco quizá tan grande como los obispos quisieran y los gobernantes temen. Merece la pena insistir en lo que oí por la radio al vicepresidente socialista de Castilla-La Mancha: los obispos y la Iglesia tienen todo el derecho a opinar de política, igual que cualquier ciudadano. Pues este es el punto: también los ciudadanos tenemos derecho a replicar a los obispos, sin ningún respeto diferencial hacia ellos más que el que se debe a todo individuo, pudiendo discrepar no sólo de sus opiniones políticas, sino polemizar también sobre sus recomendaciones morales y lucubraciones dogmáticas.
Actualización 0.38
Veo que al patrón del Otto Neurath también le ha llamado la atención el artículo: Cebrián desencadenado (con prisa pero sin pausa). No me extraña.