Ciencia En Sociedad
Publicado en Diario de NoticiasMILENIO
Jueves 22 de noviembre de 2007
Seguiré, permítanme, con esa monomanía de hablar de ciencia, de ciencia y sociedad, o mejor dicho de la ciencia EN sociedad. Acabó la semana de la ciencia, llena de actividades que, realmente, mueven a un público cada vez más amplio, y que puede vivir cómo estas actividades de la investigación científica tienen que ver con su quehacer diario, con sus preocupaciones ciudadanas. No alcanza, sin embargo, grandes audiencias y sigue sin aparecer ni en las agendas culturales ni en las de los políticos entre las primeras preocupaciones. Tanto que se habla del I+D+i que parece que ya está todo. Pero no. Estos días estoy en Madrid participando en el IV Congreso sobre Comunicación Social de la Ciencia, y ahí se habla de añadir una “c”, aunque sea minúscula, de cultura, comunicación, complicidad, en estos proyectos que tienen que ver con la gobernanza ciudadana de una sociedad democrática que mira al futuro. Se presenta además estos días la nueva ley de la ciencia, y en ella se mira ahora más directamente a la forma en que los diferentes sectores sociales deben implicarse en esta historia de la ciencia.
La ciencia tiene que dejar de ser “eso que hacen los científicos”, de lo que casi nada sabemos ni entendemos, pero que, principalmente, sobre lo que casi nada podemos decidir. ¿Por qué? Es importante que sepamos en qué se invierte, cómo se evalúan los proyectos, y sus riesgos. El ciudadano europeo mira a la ciencia con cierta suspicacia, casi temor, y no es raro, porque al no sentir la ciencia en sociedad, hemos dejado que los intereses de los grupos empresariales, e incluso de las instancias políticas, mercadearan con un tema que nos pertenece a todos.
Estos días en Madrid se debate sobre estos y otros temas. Pero el trabajo hay que hacerlo no sólo en los congresos, ni en las semanas o celebraciones de la ciencia, ni siquiera sólo en los institutos de investigación o en los museos de ciencia: es un deber de todos, y tenemos que empezar a pinchar a nuestros representantes para que comiencen a moverse.
Post scriptum
El congreso acabó el viernes, un día después de la publicación en Diario de Noticias de este texto y tras muchas jornadas con presentaciones, debates y sobre todo bastantes momentos de ir hablando con la gente (paralelamente, y como suele pasarle a este pez, me pasé por la Casa de la Radio para hacer Vive la Noche, participé en varias reuniones de otros temas en varios sitios y al final tuve que irme corriendo a Sevilla a clausurar otro congreso -aunque de esto hablaré en otra historia).
Las declaraciones programáticas, los modelos teóricos, la discusión sobre todo esto de la comunicación de la ciencia, choca al final contra la evidencia: el trabajo sigue por hacer, y las iniciativas no cuajan, con una sociedad que sigue pensando esteorotipadamente del científico y sospechando de la ciencia por su larga connivencia con los poderes. Sin embargo, lo cierto es que cada vez hay más actividades que llevan la ciencia a la calle -o acercan la calle a la ciencia-, y que en la parrilla televisiva vuelve a aparecer la ciencia (una ciencia espectáculo también estereotipada de chifladura y explosión, es cierto, como le comentaba a la periodista Techu Baragaño para su artículo del sábado en El País: "Irrumpe la 'teleciencia'" - habrá que estar atento a Tres 14 en La Dos).
Queda demasiado trabajo por hacer para convertir a la ciencia en algo que realmente se vive en sociedad. Y, me temo, incluso con los más de quinientos participantes (¿alguien me dijo que 700? puede que sí) del congreso, lo que muestra por lo menos que hay mucha gente interesada en hacerlo, gran parte de lo que escuchamos seguía siendo un discurso que se puede repetir llegando a la saciedad, pero con pocos visos de sacarnos del círculo vicioso.