Campaña Día 8: Terrorismo Virtual
Ya hablábamos en estas crónicas absurdas de una campaña absurda (ahora, si no aireas en un debate una foto de una revista de vísceras no sales en los papeles) de la virtualidad de los candidatos, jugando a vivir una Segunda Vida acaso porque la primera va fatal... Me pasaba reveré una noticia de The Register sobre altercados en Second Life entre partidarios del PSOE y del PP. Las algaradas y atentados que no se atreven hacer en su Real Life, por lo que se ve, la hacen allí en las islas de los partidos... Criaturillas.El otro día, en el mítin de Gasparllamazares Beattie ya había alguna pancarta del PP por ahí. Ahora leo que andan entrando grupos armados (no se preocupen, las pistolas son tan poco reales como las pollas de SL, anque unas como otras suelen ser exageradamente grandes y poderosas) para montarla. Y que los dos partidos se están quejando a la empresa para ver si se corrige el asunto.
Dejando aparte muchas otras consideraciones, hablemos de algunas. Me comentaba reveré que es curioso ver cómo SL tiene más trascendencia en los medios de comunicación generales (con altisonantes palabras de realidad virtual, Matrix y demás, apuntaba yo, como si fuera el no va más, o incluso como si se corriera el peligro de que la gente abandonara su vida real por vivir la fingida, olvidando que se trata de un simple juego) que en los medios especializados o en las bitácoras más techies. Los expertos del tema llegan, lo ven, se divierten un poco, y salen y se olvidan. Visto y punto. Sin embargo, los políticos y sus aparatos de imagen llegan y se quedan, y pretenden monopolizarlo o algo así.
Otra breve reflexión: de la misma forma que la gente se pone mucho más beligerante en listas de correo (menos, quizás porque el anonimato es más relativo), foros y comentarios de bitácoras (mucho más, posiblemente por el mayor anonimato que permiten) que en la vida real, llegados a SL, la cosa es guerra declarada. Pero es parte del mismo fenómeno de impunidad del mundo digital. Es más sencillo llamar cabrón a alguien en esta bitácora que decírselo a la cara -y al alcance de sus puños-. De la misma forma que el mundo del porno se ha disparado, porque sigue dando vergüenza comprar una revista en el kiosko o visitar el sexshop, la discusión (y aunque no específicamente sí de forma significativa la discusión en torno a la política) se convierte en guerra abierta y sin convenios de Ginebra por aquí. ¿El signo de los tiempos? Realmente es lo mismo de siempre: la cobardía ha sido y sigue siendo característica de un cierto tipo de crítica.
Así que ya ven, ocho días de campaña y en SL la gente a limpia hostia. Espero de verdad que no se animen y comiencen a hacer lo mismo en la televisión -sin duda el más virtual de los medios clásicos de comunicación-, o en la calle. Como todavía queda una semana larga de campaña, podríamos acabar en plena guerra.