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ps, qué cosas más raras dices. No, mira, en eso de la escalada, empotrar un dedo en una grieta, retorcerlo y llevarlo al límite de la rotura, colgando de él tu peso con petate y todo será, si quieres, un alarde de masoquismo, una demostración de hasta qué punto el cuerpo humano es capaz, el pobre, de adaptarse como puede ante una inhumana exigencia. Pero no será algo aconsejable y bueno, como no lo es ningún deporte llevado al límite de la elite, al menos tal y como ésta se entiende hoy en día. Porque el cuerpo es también capaz de adaptarse
, qué sé yo, a un zapato demasiado pequeño mira las chinas-, lo cual, por más que tal absurdo pudiera convertirse mañana en una moda, no significa que usar zapatos tres números por debajo de lo que nos corresponde sea aceptable. Sin ir más lejos, y si tuvieras razón, todo el tema de riesgos laborales carecería de sentido. Pero no. Así que, ps, maja, no me digas que no tiene castaña lo tuyo: con lo fácil que sería emplear un empotrador con asa, escala y hasta barandilla, o unas botas con garfios, o una grúa, o algo tan simple como usar una vía paralela plagada de presas de mano llena. Preocúpate si tus dedos me entienden mejor que tu cerebro.
Iván, ¡Oh, sorpresa!, ha soltado, entre su habitual y monótona sarta de insultos, algún argumento. Como ése de que la homosexualidad existe también en la república animal. Ay, animalico, me pregunto por qué no has escogido como modelo al albatros, por ejemplo, que es de lo más formal, monógamo, se enrolla de por vida y es siempre fiel a su pareja, incluso más allá de la muerte. Sí, sí, claro, será porque prefieres centrarte en los animales que nos son genéticamente más cercanos, a poder ser mamíferos y, si son primates, mejor aún. Pues bien, has de saber que tienes mucha razón: entre los animales se da la homosexualidad, la masturbación, el incesto, el canibalismo post cópula y, por centrarnos en unos tan iguales a nosotros como los chimpancés, la violación. Así que fíjate qué curioso que, si tú y yo fuéramos chimpancés y viviéramos en el mismo clan, manada o como lo llames, hasta es posible que yo, que me siento de un ufano y cabezón que asusto, violara hoy mismo a tu madre y a tu hermana, no sin antes hacer lo propio contigo, claro. Genial, ¿no?. Naturaleza desatada. Oye, y sin quejarte, porque estaría en nuestra esencia que, en uno u otro momento, fuéramos poseídos o poseyéramos así.
Hablando en serio, no dudo de que puede existir una base genética para que, por seguir con el ejemplo, haya humanos que, al igual que sus hermanos chimpancés, sientan un impulso irrefrenable de satisfacer su instinto sexual sin contar con el consentimiento de lo poseído. No dudo de que a veces eso podría ser así, y sus razones genéticas tendrán, supongo. Pero, ¿y?, ¿ya está? ¿Es, entonces, por el hecho de tener una predisposición genética, respetable el comportamiento de ese concreto tipo de violador? ¿Le perdonaremos seguir su esencia mientras buceamos en las razones por las que la evolución ha escogido semejante vía de expresión sexual? ¿Lo consideraremos una rareza digna de estudio y promocionamos luego el respeto a su idiosincrasia y a su inalienable derecho a ser él mismo, y así, al igual que hacemos con los lobos, permitir que pulule en libertad, todo salido el pobre, obligándonos solidarios a indemnizar con un pastón y una palmadita por la espalda a sus futuras víctimas?
Es decir, Iván, si te das cuenta, por esa vía puedes acabar por encontrar justificación a casi cualquier cosa. No seré yo quien te ría la monería y, por supuesto, no te confundas: mis respetos a tu familia y a tu trasero.
Y tú, Yabba, en cierto modo enlazando con esa idea de Iván, me sueltas eso de que naciste así y que no puedes evitar tener esa tendencia. Bien ¿y?. ¿Es que el hecho de tener una base biológica para tu miopía sexual va a hacer que maltratar tu pene y tu ano se convierta en algo bueno y acorde a tus más íntimas esencias? Porque si buscamos base biológica, la hay para cantidad de comportamientos que jamás se nos ocurriría considerar acordes a nuestra categoría.
El hecho de tener una predisposición genética a lo que sea no quiere decir que dicha predisposición sea buena, o que lo que se derive de ella sea bueno, sin más. Imagina a una persona que sea ciega y sorda. Pues bien, entrará dentro de lo normal que esa persona, vía su probablemente hiperdesarrollado olfato, pueda llegar a encandilarse con un determinado olor a azucenas que viene siempre con cierto viento fresco. Será normal que si, en un momento dado, le da por buscar un mayor acercamiento con la fuente de dicho placer, avance a ciegas y a sordas de cara a ese viento concreto, ése que tanto alegra su apéndice olfativo, buscando que el resto de su ser tacto y gusto, que es lo que le queda- puedan participar también de su porción de felicidad. Pero en su empeño, siendo ciego y sordo como es, no sería nada extraño que tenga la mala suerte de toparse con una calle atestada de coches, a los que ni verá ni oirá
y ale, a tomar por culo el susodicho.
Digo yo que alguien tendrá que echarle una mano y ayudarle. E igualmente, él tendrá que dejarse ayudar. Y valiente el zángano que, encima del problema que tiene el ciego y sordo, le da ánimos para ser él mismo y cruzar por donde le lleve su olfato, manque lo arrollen. Y valiente el ciego y sordo que, dados los ánimos recibidos, asume, como un sino inevitable, inherente a la búsqueda de la felicidad, el acabar herido cada vez que trata de guiarse de algo que le funciona tan perfectamente como su nariz. ¿Qué opináis? ¿Será bueno que se deje arrastrar por todo lo que en él es sano, como si no importara no ver y no oír, como si eso le eximiera de preocuparse de los peligros relativos a la ceguera, como si esa limitación no fuera una tara, sino parte de una forma de ser tan completa y respetable como la de los que sí ven y oyen? ¿Estará bien razonado el concluir que, así como todos estamos genéticamente predispuestos a morirnos, hay personas que, además de eso, están genéticamente predispuestas al atropello? Lo dudo.
Dicho lo cual y lo digo porque aquí hay que deletrearlo todo-: eso no significa que dichas personas tengan menos dignidad, pues sólo un bárbaro los hay- sería capaz de despreciar a alguien que, estando genéticamente limitado en lo que sea, trata de avanzar a tientas por la vida. Lo mismo que sólo un bárbaro y ya lo creo que los habéis- creería que el hecho de otorgarles igual dignidad ha de significar que no se les puede desear un bien ese que los genes le niegan y que le permitiría ver ellos mismo el camino más acertado- sin menoscabar en algo la dignidad del disminuido.
Sí, seguro que todos estáis pensando en que en esto de relacionarse, mientras no se haga daño a nadie
Y, cáspitas, eso es exactamente lo que yo pienso: daño a nadie, exacto, ni siquiera a uno mismo. Y es ésa la raya que permite distinguir muy bien -demasiado bien, me temo- qué está más aquí y más allá de la misma, es decir, qué es bueno y qué no. Por eso es posible dar por malo el comportamiento de esos dos caníbales del principio, aun a pesar de que hubiera acuerdo tácito entre ellos de matar y morirse así. Por eso se puede decir que es malo lo que hace ps, maltratándose la mano de un modo tan en boga y emocionante como doloroso y estúpido. Por eso puede decirse que es malo maltratar el ano haciéndolo trabajar de manera forzada. O traicionar a un orgasmo cuando se le niega una plenitud que nos pide a gritos - incluso a un homosexual en pleno ejercicio de sus homosexuales asuntos le pasa eso, seguro-. Pues Yabba no tiene un ano o un pene mutantes, distintos a los míos. Qué va. Ocurre que hay algo en Yabba, una especie de ceguera que, por lo que sea, le hace dirigir sus apetitos sexuales hacia un objeto y por un camino que lo dejan colgado y lastimado en sus correrías. Y tanto Yabba como su compañero no están adaptados para ofrecer a su respectivo lo que en le fondo buscan ambos, aunque sea a ciegas: el complemento de una mujer con la que procrear. Así de simple.
Qué fuerte, ¿eh?. Porque, en serio, ¿conocéis a algún homosexual que tenga, aparte de una tendencia a excitarse con otro de su mismo sexo, alguna adaptación que nos haga pensar que hay ahí algún atisbo de mutación, alguna otra adaptación fisiológica, por pequeña que sea? Me bastaría un ano con una flexibilidad a prueba de partos, por ejemplo. O un colon con autolubricado, con musculación tipo vaginal y con un ph capaz de esterilizar cualquier mierda. En fin, algo que nos muestre que se esté abriendo las puertas a alguna nueva sexualidad. Y es que también los hay que se excitan con las gallinas, con los perros, con los burros y hasta con una foto de cualquiera de ellos. ¿Es eso una tara sexual o concluiremos que la zoofilia, incluso la de base pornográfica, es otra forma de sexualidad, tan respetable como todas? Yo no dudo de que los hay que se excitan con solo pensar en una gallina. Y ahí, me temo que, más que la genética, empuja siempre una cierta costumbre, fruto quizás de una práctica adquirida en momentos de cándida inocencia. Porque, qué difícil cambiar de hábitos, especialmente si son los malos hábitos, ¿eh?. A todos nos pasa. Iván, mira: todos los perros que ha habido en mi vida, incluso alguna perra, han tratado de violentarme la pierna, y seguro que os ha pasado a más de uno lo mismo. Y si a mí me ha pasado eso, y si tú, Ivan, tienes razón al escoger el modelo animal para justificar humanas animaladas, se entienden ésa y otras cosas, porque vamos, se me ocurre: ¿quién no ha conocido una casada que un día sale en camilla de su casa, tapada con una sábana, rodeada de curiosos y con un mastín perfectamente acomodado en su entrepierna? Yo no, pero conozco a quien sí. Y qué queréis que os diga, pero en ese caso, aunque ambos alcanzasen un placer y se sintieran, día sí, día no, de algún sexual modo realizados, ¿era eso fruto de una predisposición genética, por parte del hijo de perra y su amante, tendente quizás a hacer de avanzadilla en una inminente alianza sexual entre especies? Pues me te que no. Y es por eso que no hace falta ser un Mendel para poder juzgar una aberración así, o similar, como lo que es.
Y no me digáis chorradas como ésa de que comparo a Yabba con aquellos caníbales, con un asaltagallinas o con un violador, de igual modo que yo no me pongo como ejemplo de esto último al decir lo que le he dicho a Iván sobre mis ímpetus. Claro que no lo hago. Qué absurdo. Comparo las razones que sirven para aprobar o no ciertos comportamientos, intentando mostrar las implicaciones -el lado salvaje- de vuestro abierto discurso. Pero me temo que, cegatos y sordos como sois, ni las oléis.
Besos
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