Mosquitos Contra La Malaria
Han leído bien: contra. Aunque parezca un error de los gordos, porque quien más quien menos sabe que el paludismo (o malaria) es una enfermedad que llega al ser humano por las picaduras de las hembras de los mosquitos Anopheles. Esta enfermedad afecta anualmente a unos 300 millones de personas, matando a más de 1 millón; un triste record: es la enfermedad infecciosa más mortal, se ceba especialmente en la infancia y además se distribuye geográficamente en las zonas más pobres (poniendo en peligro al 40% de la población humana). Un cóctel mortal, por lo tanto. Para el que no hay vacuna -todavía- y para el que sólo los tratamientos paliativos suponen una esperanza. Sobre ella puedes leer en los numerosos informes de la Organización Mundial de la Salud. (Escribí por aquí del tema hace un par de años...)
La causa de la malaria es un parásito unicelular del género Plasmodium, que desarrolla parte de su ciclo vital en el mosquito, concretamente en la saliva de las hembras. Si pica a un humano, los esporocitos llegan a la sangre y migran al hígado, donde se desarrollarán y multiplicarán. Unos 10-15 días tras la infección, provocarán un ataque a los glóbulos rojos de la sangre, desarrollando una respuesta inmune que es precisamente la enfermedad. Pero si una hembra de mosquito sana pica a ese humano infectado, se convertirá en portadora de los gametocitos del Plasmodium, células que se reproducen sexualmente en el intestino del insecto, dando lugar a un huevo que generará nuevos esporocitos... cerrando el círculo en el que se combinan, como vemos, humanos y mosquitos.
Perdón por el rollo, pero a veces hay que contar estas cosas con un poco de detalle, para entender cómo los científicos intentan avanzar en la solución de las enfermedades. Lo más lógico, ante un ciclo tan complejo, es atacar por todos los frentes, y descubrir cuál de ellos proporciona una mejor solución. Así, las medicinas usadas en los humanos atacan la acción del parásito en el organismo, limitando sus efectos, aunque no lo eliminan del todo, y puede volver a actuar incluso años después. Por su parte, se buscan vacunas que evitarán que el parásito pueda moverse libremente dentro de nuestro cuerpo, de manera que si nos infecta un Anopheles, no sirvamos de propagador del Plasmodium.
Por otro lado, otros programas intentan hacer desaparecer, o al menos controlar, las poblaciones de mosquitos. El DDT, un potente insecticida, podría ser fundamental para erradicarlos, pero los efectos adversos sobre los humanos del DDT detectados hace medio siglo hicieron que se prohibiera. Aunque se revisa actualmente esa prohibición (y hay un calentísimo debate sobre si los datos que llevaron a la prohibición del DDT eran realmente consistentes o se actuó con excesiva severidad), el dilema es importante. Alteraciones en las hembras, en su capacidad de reproducción, y muchos otros aspectos son también blancos que se investigan para limitar la epidemia.
Un equipo de la Universidad Johns Hoplins de EEUU ha iniciado otro frente: desarrollar mediante modificación genética un mosquito resistente a la infección del Plasmodium. No lo habíamos contado, pero los mosquitos también mueren por la infección... y estos, resistentes, no multiplican en el interior el parásito, con lo que no serán contagiosos en el futuro. La idea será ver qué sucede cuando tenemos dos poblaciones de mosquitos: unos resistentes y otros convencionales. Como los últimos mueren más, cabe pensar que la población de los resistentes irá apartando a los "naturales" simplemente por la presión poblacional. Además, según han comprobado los expertos, con la malaria que afecta a ratones y no a humanos, la interacción entre unos y otros (pueden cruzarse) acaba produciendo, en 7 generaciones (unos meses) poblaciones en las que más del 70% de los mosquitos son resistentes.
Lo malo es que: (1) esto parece funcionar para un tipo de malaria que afecta a roedores, que no es exactamete uno de los Plasmodia que afectan a los humanos; y sobre todo: (2) que esto funciona en laboratorio, con tasas de infección de mosquitos mucho más altas que en la naturaleza. Quizá la presión reproductiva no sería tan grande en las condiciones normales. Habría que añadir, en opinión de los autores de la investigación, que han presentado su trabajo en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) recientemente, que por el momento queda pendiente encontrar una mutación del gen que permite la resistencia del mosquito que sea estable. Añado que, además, son varias las especies de Plasmodium que producen malaria en los humanos, así que habría que trabajar con varias especies: la más habitual es la falciparum (la más patógena), pero están la malariae (la de más larga duración), la ovale (que no es mortal, pero provoca a menudo recidivas), la vivax, la knowlesi y la semiovale... El trabajo lo han hecho con la berghei, que como decíamos afecta a ratones.
En definitiva, si ha llegado hasta aquí, tenga en cuenta que todavía queda muchísimo tiempo antes de plantearse siquiera si sería adecuado echar a competir en las zonas palúdicas esos futuros mosquitos resistentes. Por el momento, claro, queda una enfermedad contra la que hay que seguir luchando. Y añado, para terminar: y contra la cual no se lucha adecuadamente o de la forma que merecería su prevalencia y mortalidad simplemente porque es una enfermedad de pobres.