Una Máquina Astronómica
Noticia del día, como vemos, por ejemplo en El País: "Alta tecnología... de hace 2.100 años" (por Alicia Rivera). O en El Correo: "Descubren los secretos de una calculadora griega que predecía eclipses hace 2.000 años" (Luis Alfonso Gámez). Otros, como El Mundo, acuden a la nota de Europa Press. Todos hacen referencia a la publicación hoy en Nature de los resultados de una cuidadosa investigación por parte de un equipo internacional de la máquina (o "mecanismo") de Antiquitera (o Antikythera), promovido por el gobierno heleno.
La historia del chisme este es larga, llena de coloridas teorías, especulaciones, sorprendentes revelaciones, avisos de que no era para tanto, o de que era para mucho más. Finalmente, y eso es lo importante, se ha podido desvelar el misterio, o al menos ponerlo en su sitio. Con su sorpresa, además, porque estas cosas son así: la calculadora astronómica resulta ser más de lo que se creía por unos -menos de lo que se afirmaba por otros-, pero nos muestra que el conocimiento astronómico en el primer siglo antes de nuestra Era, y sobre todo las tecnologías para realizar complejos sistemas de ruedas dentadas, eran bastante operativos. Solemos pensar que las "cosas de los antiguos" son, necesariamente, atrasadas. No siempre, y este juguete lo muestra. Ya cuando los pescadores de esponjas de Antiquitera (castellanicemos el nombre griego, ya puestos...) descubrieron en 1900 los restos de un barco hundido, es decir, en el mismo comienzo de la historia del hallazgo del mecanismo, se vio la importancia de todo. En el Museo Nacional de Arqueología de Atenas, los restos del barco son una de las joyas. Y la máquina entre ellas. Los relatos sobre Elías Stadiatos, el buceador que encontró el pecio, o sobre Dimitrios Kondos, abundan en el imaginario popular y hubo una época en que todo jóven de las islas griegas soñaba con ser capaz de encontrar él mismo, buceando, los restos de un barco, un templo o incluso una civilización perdida. Que la historia da para un libro, o para una serie, es obvio. Ya lo era antes, sobre todo porque, como suele pasar, esta historia fue tomada al asalto por los "investigadores de lo oculto", subgrupo humano muy especializado en tomar cualquier misterio inexplicADO y convertirlo en inexplicABLE, es decir, lugar donde uno puede colocar la pseudoteoría más desmelenada con toda impunidad.
No es raro, por lo tanto, que la máquina de Antiquitera se convirtiera en la preferida de quienes querían ver en las culturas que nos precedieron artefactos y conocimientos que, simplemente, no podrían haber desarrollado solos. Quiero decir, sin ayuda externa. Quiero decir, por supuesto, sin la ayuda de unos extraterrestres adecuadamente colocados a lo largo de toda la antigüedad para echar una mano a los egipcios constructores de pirámides, a los pascuenses levantadores de moais, a los nazca diseñadores de líneas en el desierto, y un largo etcétera. Como en muchas otras ocasiones, la popularización de esta versión ET de la historia vino de la mano del hotelero y fabulador suizo Erich von Däniken. Por supuesto, Charroux, o en España J.J. Benítez, han recurrido en diversas ocasiones al mecanismo para implicar cosas de estas. En otros casos, sin querer poner a los alienígenas portadores de conocimientos, pero ahondando en la inexplicabilidad que vende misterios, se mezcla esta máquina con los llamados ooparts (léase: out of place artifacts): en general chismes que están donde -o cuando- no deberían. Ya saben: el típico Apple Lisa que se encontró en unos estratos del Ordovícico, el dispensador de caramelos Pez encontrado en una urna votiva de un castro gallego, el primer disco de arranque de windows que está en un nido de ovirraptor, incomprensiblemente... Pues el mecanismo de Antiquitera, lo mismo: que no debería estar ahí porque implica conocimientos científicos o tecnológicos más allá de lo que había en la época... (esos no los han encontrado aún, pero hay muchos, véase en la wikipedia, por ejemplo). Por supuesto, todo esto no se basa en el conocimiento de lo que es y de lo que era la época, sino en el mero desconocimiento de lo mismo. Ya saben, la especulación es gratis, y vende mucho.
Afortunadamente no ha sido este chisme propiedad exclusiva de los engañabobos: Derek De Solla Price, en los años 50 (su artículo en Scientific American en 1959 lo podemos leer completo aquí) ya plantó las bases del estudio científico del mecanismo, proponiendo que se trataba de una calculadora astronómica. Los resultados del proyecto internacional de hoy completan -y corrigen, al alza- los análisis que hicieron De Solla y posteriores investigadores (Bromley y Percival, Wright...). Personalmente me llama la atención la complejidad de la máquina, con su conjunto de ruedas dentadas que estaban labradas de forma muy precisa: si no, no servirían para los fines que, probablemente tuvo. Lo importante, y en la noticia en Nature y en -afortunadamente- varios de los comentarios que he visto en la prensa, incluso la española, es que se está dejando bien claro que los conocimientos necesarios para hacer la máquina, y las tecnologías precisas para llevarla a cabo existían ya en la grecia del primer siglo aE. Que no hace falta llamar a los dioses ET para tener algo así.
Otra reflexión que me hago esta mañana habla de la fragilidad y la contingencia del avance científico-tecnológico. Sin duda, ese mecanismo tan sofisticado exigió conocimientos astronómicos avanzados, los mejores de la época (¿se debió la máquina a Hiparco?, se plantea en su artículo Gámez, otros la convierten en una pieza de la biblioteca de Alejandría que estaba siendo expoliada por romanos, camino de Roma cuando se hundió... ). En algunos comentarios se hace mención que los cálculos de esta máquina analógica usan modelos heliocéntricos en el caso del movimiento de los planetas... a pesar de que el modelo imperante -que siguió siéndolo milenio y medio- era el geocéntrico, por ejemplo... E igualmente, hasta más de mil años después no se volvieron a realizar mecanismos y relojes complejos, o al menos se perdió el arte de esa horologería fina que ya mostraba el chisme de Antiquitera. En estos días en el Planetario de Pamplona recordamos el trabajo de Alfonso X de Castilla, recogiendo el saber del mundo antiguo que había sido preservado -y aumentado- principalmente en el mundo musulmán, y que fue tan necesario para que en una Europa de las ideas fueran naciendo las formas que dieron fin a la edad media -en muchos grados una edad oscura-. Fácilmente podemos entender cuánto se perdió quizá para siempre simplemente porque no se preservó en ese tortuoso camino. La historia del pecio de Antiquitera, de sus contenidos, nos muestra que el conocimiento que tenemos del pasado es demasiado reo de la tendencia a olvidar y hacer desaparecer tantas cosas. Quiero con ello decir: todo aquello se perdió, un día, y sólo por un hallazgo casual y por el trabajo de un proyecto internacional a lo largo de años, hemos vuelto a encontrarnos con ese conocimiento. Tantas veces la humanidad ha ido descubriendo algo que luego hemos vuelto a olvidar. El hallazgo de lo nuevo es así de frágil. La persistencia en el error, sin embargo, se perpetúa de forma mucho más consistente. (Perdonen... uno se pone evocador y lastimero fácilmente).
Una penúltima reflexión: me encanta que, en cierto modo, el primer planetario del mundo tenga ahora su modelo completo, su explicación plausible. El primer antecesor de una máquina donde podemos reproducir los movimientos de los cielos (al menos algunos), es como tener al Santo Patrón del trabajo que hace uno día a día. Así que hoy nos lo celebraremos por aquí...
Pero mi último comentario -por el momento- sobre esta noticia de hoy, tiene que ver de nuevo con los fabuladores que venden misterios de todo a cien. Para muestra un botón. Escuchen el programa de La Rosa de los Vientos de Juan Antonio Cebrián en Onda Cero -uno de los habituales lugares donde "todo vale" si vende misterios-, en el que se habla, precisamente, del mecanismo o máquina de Antiquitera. Lo emitieron el pasado 19 de junio (mp3), cuando se adelantaban los primeros resultados que, finalmente, han sido publicados ahora. En él, Cardeñosa, uno de los popularizadores actuales de chismes "imposibles" y de otras especulaciones sin sentido en todos los ámbitos de la vida pública, llega a afirmar que los datos científicos confirman que el mecanismo de Antiquitera muestra conocimientos que no tenían entonces los griegos. O, más bien, que pensábamos que no tenían entonces. Nada de ello es cierto, como hemos comentado, pero ya sabemos que las fabulaciones venden... A ver qué dicen ahora, aunque cabe pensar que sigan afirmando que sea un chisme fuera de su tiempo o de su lugar. De eso nada...
Addendum
Por cierto, si alguien quiere oir cómo sonaba la máquina astronómica, los de Nature han puesto un podcast sobre el tema (mp3). Por otro lado el Proyecto de Investigación del Mecanismo de Antiquitera tiene su web, aunque hoy anda un tanto colapsada. El Museo Nacional de Arqueología de Atenas, donde está la máquina, también tiene web.