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Prometí algunas aclaraciones al concepto de España y aquí están.
Mis Fuentes son: La Enciclopedia Britannica, la Historia de España, de Pijoan, y la Enciclopedia "Collins"
Por tanto: 1 fuente Catalana, y dos Inglesas.
Cuando nos referimos a hechos históricos fáciles de constatar por medio de cualquier enciclopedia solvente, es conveniente tener la precaución de no decir nada de lo que no estemos absolutamente seguros. O que podamos probar citando las fuentes.
El tema de España, tal como lo tratan Mc Latha y El Pez, es indudable lo mencionan más en función de sus opiniones políticas que de la propia historicidad española.
Aunque soy consciente de sus connotaciones Franquistas, quizás no sea ocioso comenzar por la afirmación de que España es, en efecto, una realidad histórica (olvidando lo de en lo universal) dentro del conjunto de los países y naciones de la Europa actual, con una mayor antigüedad y densidad de contenidos vividos en común por sus miembros: los individuos y las comunidades humanas que la integran.
Esto es una constatación de un hecho innegable y fácil de verificar en cualquier enciclopedia.
Ramón Menéndez Pidal ve ya a España constituida en la Hispania Romana: que dentro de la organización administrativa romana, aunque dividida en varias provincias, fue siempre considerada como una entidad superior que daba unidad a la división provincial Romana. Y fue bajo el esplendor del Imperio Romano, cuando por vez primera podemos conocer un pleno desarrollo cultural de España, que nos llega a través de la dominación Romana. En aquellos momentos, podemos ver que se está formando un conjunto en su distribución de fuerzas y valores semejante al que ofrece la España moderna en otro momento imperial, en el tiempo de su más tensa unificación durante los siglos de oro de su literatura.
Julián Marías (destacado académico, escritor y filósofo) calificaría a la Hispania Romana de unidad previa a la constitución de España en el sentido que esta palabra tiene para nosotros, pero que no por ello carece de realidad: lo que podríamos llamar el dónde de España.
Será el espacio donde llegará a haber una nación; es la primera versión de España todavía no propiamente española,...aunque formando una sociedad que podemos llamar hispánica
Sin importar cómo deseemos llamar a la realidad cultural, social, política y jurídica de la Hispania Romana, lo evidente es que con ella comienza un proceso de unidad, que nunca se ha visto propiamente interrumpido hasta hoy. Incluso las pruebas más duras a las que se vio sometida muy pronto en los años de la caída del Imperio Romano con la invasión de los pueblos del Norte y luego tres siglos más tarde con la ocupación musulmana, no sólo no lograron interrumpir o cambiar la trayectoria del proceso iniciado, sino que incluso la reforzaron.
La España visigoda, primero, y la España de los ocho siglos de la Reconquista, después, fue perfilándose cada vez más como un proyecto compartido y vivido en común por los pueblos de la Península.
El 30 de abril, del año 711, los beréberes de Tariq ibn Ziyad, cruzan el estrecho y desembarcan en Gibraltar (el nombre de Gibraltar procede del Árabe Jabal-al-Tariq, o montaña de Tariq). Al tomar tierra se dice que Tariq (como siglos más tarde haría Hernán Cortés en Méjico), quemó sus naves y dijo lo siguiente a sus tropas:
أيّها الناس، أين المفر؟ البحر من ورائكم، والعدوّ أمامكم، وليس لكم والله إلا الصدق والصبر...
Oh Pueblo ! No tenemos lugar alguno a donde escapar! El mar está detrás vuestro, y el enemigo delante: Juro ante Dios, que sólo tenéis sinceridad y paciencia. (según cuenta al-Maqqari).
Así se da inicio a la ocupación musulmana de la Península, ocupación que llegó a cruzar los Pirineos, y los srs. El Pez y Mc Latha pueden llamar a este hecho histórico como les plazca: ocupación, invasión, colonización o fantasía de la propaganda Judeo-Masónica. La realidad histórica es que empezó en la fecha indicada antes y terminó en el 2 de enero, de1492, con la conquista de Granada por la derrota del príncipe Boabdil, de la dinastía Nasrid. O sea 781 años de dominación Musulmana. Por lo que respecta a la llamada Reconquista (bien llamada así porque se da inicio a la recuperación del espacio que previamente correspondía a la Hispania Románica, primero, y a la España Visigótica, después), ésta se inicia en el 722 con la batalla de Covadonga, ya que representa la primera derrota seria de Tariq, a quien hay que reconocerle una velocidad considerable en su travesía de la Península, ya que sólo necesita 11 años.
De todas formas hay que señalar que en 1236 se produjo la sumisión real de Granada (la última plaza dominada aún por los Musulmanes, bajo Mohammed ibn Alhamar), a las fuerzas cristianas de Fernando III, de Castilla. En adelante, Granada quedará como un estado vasallo del reino cristiano hasta la mencionada rendición definitiva 250 años más tarde de Boabdil, a los reyes católicos Fernado e Isabel. No obstante, contrariamente a lo que enseñaban las Historias de España del régimen anterior, y así lo aprendí yo, la unidad española no se alcanzó hasta que el Reino de Navarra (el más antiguo de España, al que ahora aspiran los de la ETA), se incorporó en 1512
o sea 20 años más tarde.
Por su lado la Reconquista Portuguesa, culminó en el 1249 con la rendición del Algarbe, a Alfonso III.
Hay que admitir, pues, que tal como los conocemos actualmente, España, Francia y, hasta cierto punto Inglaterra, son 3 de las naciones o reinos más antiguos de Europa. Otro hecho fácil de constatar.
La conciencia de la España perdida y de la necesidad de recuperarla constituyó la fuerza y el hilo conductor de ese increíblemente largo periodo de tiempo que fue recorriendo lo que se llamó pronto la España Cristiana, desde el núcleo inicial de las montañas de Asturias hasta la unión de los Reinos de Castilla y Aragón en 1474 en la persona de sus Reyes, Isabel y Fernando, que además también lo era de Cataluña. La perseverancia en el mantenimiento del objetivo último y la voluntad política de conseguirlo no conoce parangón alguno en la historia comparada de Europa y del mundo mediterráneo de aquel tiempo. No se dio ni un solo caso en las provincias y territorios del Imperio Romano invadidos por el Islam que no sucumbieran primero militarmente y luego social, cultural y políticamente a su poder, salvo España.
La España gótica, en brillante caracterización de Ramón Menéndez Pidal, se mantuvo como un ideal siempre añorado: ... la destrucción del reino godo, seguida de tan prolongada disgregación, no consiguió borrar de los espíritus el concepto unitario; lo oscurecieron, lo relegaron en la vida política, pero no en la esfera de las ideas y de las aspiraciones. Porque los reinos medievales no vinieron a romper la unidad gótica de un modo arbitrario, sino a remediar la ruina de esa unidad. El pequeño Reino de Asturias no se contenta con menos sino con negar que el Islam pueda quedar instalado a perpetuidad en España. Todos los Reinos medievales surgidos después reconocerán su unidad de empresa hispánica en la reconquista total.
La unidad de los Reyes Católicos, inicialmente una unidad de la Corona, se irá convirtiendo rápida y progresivamente en una unidad cultural, religiosa, jurídica y administrativa según el modelo de Estado que se va abriendo paso en las ideas políticas del Renacimiento. La España de Fernando e Isabel se coloca a la cabeza de la evolución política de Europa en la formación de lo que se conocerá como el primer Estado Nacional. Julián Marías advertirá que entonces nace una manera de sentirse, una nueva sociedad, un nuevo sentido del nosotros. Ya no es nosotros los castellanos, ni nosotros los aragoneses (menos aún nosotros los castellanos viejos o nosotros los andaluces o nosotros los catalanes); va a ser nosotros los españoles, en un nosotros que los engloba a todos: la España perdida, que ha vuelto a reunirse y a encontrarse a sí misma. Proyectados simultáneamente hacia la tarea inmensa de incorporación de la América recién descubierta y hacia Europa y el Mediterráneo, sometidos a la amenaza turca -la nueva y temible forma del poder musulmán- y a los peligros de la disgregación interior y exterior, nacidos de la reforma protestante, la España moderna consolidará y desarrollará su unidad humana y social en todos los órdenes de la vida. La España de los siglos XVI y XVII y, aunque, en menor medida, también la del XVIII- aparece y actúa en el viejo y el nuevo mundo, en todos los teatros políticos y militares de la geografía del mundo, como la protagonista decisiva de la política universal. España pasa de ser la Nación, una Nación de Europa, a ser una Super-nación transeuropea. La España, que inaugura por primera vez en la historia la forma mundial de hacer política WELTPOLITIK-, lo hará desde la perspectiva de los ideales medievales de la España Cristiana que la empujaron incesantemente a la unidad.
La realidad histórica de España seguirá manteniendo su unidad substancialmente en los últimos siglos de su historia contemporánea. Ni la leyenda negra que intentó, no sin éxito publicitario, desprestigiarla en Europa y dentro de España misma, a partir sobre todo de la Ilustración francesa; ni la pérdida de América, consumada en 1898; ni el surgir de las dos Españas en la experiencia colectiva de los españoles después de la Guerra de la Independencia, a lo largo de los dos últimos siglos; ni incluso su expresión más agudizada y dramática de la Guerra Civil de 1936-1939, ponen verdaderamente en cuestión la conciencia y la vivencia afectiva y efectiva de su valor permanente para el destino de los españoles, sea cual sea su ideología o visión personal de la vida y de la historia.
La realidad histórica de España que fue durante tres siglos... de otro orden de magnitud que las demás naciones europeas sigue siendo hoy sentida y apreciada como propia e irrenunciable por una gran mayoría de españoles y reconocida en su singularidad por la opinión pública de todo el mundo. En la Constitución Española de 1978 ha encontrado una reconocida formulación jurídica, fruto y cauce a la vez de la aproximación intelectual y de la reconciliación existencial de las dos Españas. La realidad histórica de España, su razón de ser, su dinamismo interior y exterior en la configuración de una sociedad y de una cultura digna de la persona humana, volvieron a abrirse camino hacia el futuro.
Tan sólo una parte de la población catalana, vasca y, en menor grado, gallega, aspiran en estos momentos, por haber sido estimulado por los políticos su espíritu subyacente de independencia, a la misma. Lástima, porque, en realidad, a lo que deberíamos aspirar todos es a ser Europeos de primera clase y a luchar por una nacionalidad europea común, sin fisuras ni nacionalismos mezquinos o chauvinistas.
El cavalcador indomable.
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