Déjà Vu
Amenaza "Hollywood" con una película de Denzel Washington titulada, precisamente "Déjà Vu". Por lo que leo en Fantasymundo, ya está por ahí el trailer de esta historia en la que Denzel hace de Denzel como policía que investiga un crimen enfrentándose poco más o menos a todos. Leo en la sinopsis: "está a punto de descubrir que lo que la mayoría de la gente cree que sucede sólo en sus cabezas es en realidad algo mucho más poderoso. Esto lo conducirá a una carrera impresionante para salvar a cientos de personas inocentes." Cuando uno lee cosas así, desde luego, apunta la película en la lista de las que muy probablemente no verá ni engañado.La cosa es que este anuncio lo leía hace unos días y justo anteayer me llega en las noticias de Newscientist una nota que promete interesante: "Déjà vu created in the lab". Afortunadamente, nada que ver con Denzel Washington... sino con el fenómeno también conocido como paramnesia, eso de tener la sensación que uno ya ha vivido antes una situación, que aparece de repente. Cuenta la wikipedia que el término y el fenómeno fue descrito por primera vez (y de ahí el nombre francés) por Émile Boirac, psíquico y conocido por los esperantistas como uno de los primeros. A menudo se ha asociado el d.v. a la precognición: de alguna manera, aunque no lo recordáramos, habíamos tenido antes la visión de esa escena que ahora nos llega. En otros casos, sería una especie de visión remota o clarividencia casi simultánea la causante... La sensación tan vívida, además, hace que quien la tiene esté convencido de que eso no es casual. Ya pueden imaginar que la historia del d.v. ha estado, por lo tanto, plagada de paranormalismo y parapsicología. Afortunadamente, también de ciencia...
Porque lejos del mundo paranormal, sin embargo, esta memoria o recuerdo erróneo es algo mucho más prosaico -como suele pasar siempre-, aunque ello no quiera decir que sea sencillo de entender: de hecho se pensaba que el fenómeno sería debido a una especie de disparo neuronal que hacía que el cerebro creyera que la situación ya era conocida. Quizá, invocan algunos investigadores, porque el procesamiento en la memoria de esa situación se ha hecho sin que seamos conscientes del mismo y, de repente, parece que al intentar almacenarla ya nos la encontramos puesta ahí. En algunos casos, ese olvido o inconsciencia del recuerdo podría deberse a un borrado que no es completo: al poner de nuevo el recuerdo, el sistema de nuestra memoria encuentra, por así decirlo, el fichero que habíamos tirado a la papelera de reciclaje.
En otros casos, se invoca a una desconexión entre los dos lados del cerebro, y en algunos casos se invocaba un retraso en la sensación visual de un ojo, que llegaba a ser procesada cuando la del otro ojo ya estaba almacenada en el depósito de memoria a corto plazo (teoría del proceso dual). De esta manera, se encendía la alerta de un recuerdo con el input sensorial retrasado. Un poco alambicado, claro, pero muestra de que la cuestión no era sencilla (ciertamente, esta teoría se abandonó al comprobar que personas ciegas de nacimiento y sin nervios oculares en funcionamiento también tenían d.v., aunque se extendía a otros procesamientos duales en el cerebro: un desfase temporal entre ellos podría ser el origen de la sensación de familiaridad). El origen cerebral de la sensación, en cualquier caso, estaba claro desde finales del siglo XIX, al comprobarse que ciertas patologías, como la epilepsia, favorecían la aparición de d.v. entre los pacientes. Lo mismo sucede con otras enfermedades, y el uso de algunos medicamentos también parece proporcionar estas paramnesias.
Las estimaciones de la prevalencia de los d.v. varían bastante: se habla que entre un 70 y un 90% de la población puede tenerlos al menos una vez en su vida. Algunas estadísticas (recojo los datos de "The Deja Vu Experience" -Psychology Press, NY 2004-, del psicólogo Alan Brown) reconocen que se da más entre los 15 y 25 años, y que ello podría tener que ver con un proceso de maduración cerebral, o bien estar relacionado con la adquisición de nuevas experiencias: cuando nos hacemos adultos, la posibilidad de nuevas situaciones estimulantes disminuye por lo general, con lo que también lo hace la posibilidad de que las identifiquemos como algo ya vivido -realmente YA las habríamos vivido, poco más o menos. Por otro lado, se suele afirmar que gente que viaja a menudo tiene más d.v. que otras personas, las personalidades activas e imaginativas también lo informan más frecuentemente, y -curioso- se da más en niveles socioeconómicos altos y en gente progresista que en conservadores (según Brown, los fundamentalistas religiosos apenas recuerdan haber vivido paramnesias). La fatiga o la ansiedad pueden ser también situaciones en las que el d.v. aparece más fácilmente.
¿Y qué hay en el fondo de todo? El panorama que hemos resumido nos deja muchas puertas abiertas a un fenómeno que, evidentemente, ha de estar relacionado con el sistema de reconocimiento de nuestra memoria. En los últimos decenios se ha ido realizando diversa experimentación, sobre todo desde el mundo de la ciencia cognitiva, para analizar los procesos mediante los que recordamos. Lo que estamos actualmente percibiendo, pensando, sintiendo, se almacena en primer lugar en un almacén de corta duración, la memoria a corto plazo (de la que hemos hablado alguna que otra vez por aquí), para pasar posteriormente a un almacén más permanente, la llamada memoria a largo plazo. Es un poco (aunque la analogía no es del todo correcta, sino poco más que eso, una analogía) como si la memoria a corto plazo nos resumiera el presente, y la de largo plazo marcara nuestro pasado. De alguna manera, el d.v. viene de que el proceso habitual de registro en la memoria se altera, y el recuerdo se guarda dos veces, o pasa a la memoria a largo plazo mientras aún está activo en la de corto plazo. La comparación entre ambos, el funcionamiento de los circuitos que activan el recuerdo de nuestro pasado, produce entonces un aviso: esto ya lo hemos vivido.
Uno de los problemas de la investigación en torno a los recuerdos es la gran subjetividad subyacente al proceso. ¿Cómo comparar entre individuos diferentes? Afortunadamente, se ha podido realizar cierta investigación. Cuenta la Wikipedia que en 1941 Banister y Zangwill emplearon la hipnosis sobre varios individuos para crear una amnesia posthipnótica de materiales que veían bajo hipnosis. 3/10 de los participantes, al ver esos mismos materiales, tenían una sensación de déjà vu. En un artículo del New York Times del pasado 2 de julio (enlace, quizá haga falta registro gratuito) Evan Ratliff describe no sólo casos bastante interesantes, sino que hace un amplio recorrido por la investigación científica del fenómeno, que incluye tratamientos estadísticos de muchos testigos que recuerdan haber tenido d.v. (algo que Internet, por cierto, facilita), como los trabajos de Chris Moulin y Martin Conway en la Universidad de Leeds (GB), o del seguimiento a través de imágenes de resonancia magnética, de los procesos de la memoria en diversas situaciones. Merece la pena leerse. Por supuesto, como casi todo el mundo, hace referencia a los estudios sobre los falsos recuerdos de Elisabeth Loftus, y la manera en que se pueden generar. Sin duda, considerando el modelo de memoria a cortp plazo / memoria a largo plazo o bien el esquema operativo de memoria episódica frente a memoria semántica (la que recoge nuestra biografía frente a la que se activa por los significados aprendido de las cosas), el d.v. se entiende como una activación inapropiada del sistema de reconocimiento ("ya lo he vivido") de un recuerdo cuando realmente no existía tal recuerdo.
Pero me estoy enrollando más de lo previsto, así que vuelvo casi al principio. El artículo de Newscientist hace referencia a un paso adicional que, como en el caso de Loftus y los falsos recuerdos, cierra el cerco a la experiencia paramnésica: su creación en situaciones controladas de laboratorio. NS informa también del trabajo de Moulin y Conway y del Leeds Memory Group (ver el blog de Moulin) creando, mediante técnicas de hipnosis, sensaciones de d.v. en un grupo de sujetos muy especial, que parecen sufrir una especie de déjà vu crónico: viven el presente como si fuera un recuerdo del pasado, o más bien, continuamente tienen la sensación de que eso ya lo han vivido antes. Causado por una disfunción de la memoria, este fenómeno crea gran inquietud en quien lo sufre, y la creencia de que son capaces de anticipar los hechos (de hecho, el artículo de NS es un poco inquietante en este aspecto, porque parece deducirse de lo que dice Moulin que realmente estos pacientes recuerdan detalles de hechos que aún no han sucedido. Posiblemente sea una mala lectura por mi parte...) Los experimentos sobre estas personas parecen coherentes con una renovada teoría de procesamiento dual, pero no en el nervio óptico, sino en el almacenamiento de los recuerdos, acorde con lo que la psicología ha ido recopilando sobre la memoria: el reconocimiento del pasado, la memoria episódica o en general la memoria a largo plazo, se trabaja activando circuitos del lóbulo temporal. Es lo que crea la sensación de un recuerdo conocido. Moulin propone que ese circuito se puede activar en ciertas ocasiones, y que en las personas con d.v. crónico está casi siempre activado. El procesamiento por otros circuitos de la experiencia "online", lo que estamos viviendo, puede mezclarse con ese otro, creando la sensación de que lo que percibimos ahora estaba ya en la memoria.
Apasionante, claro. Y todo a falta de más investigación, como suele suceder.
P.D. Veo que en Tendencias 21 recogen también el tema con una amplia explicación. Si lo leo antes, me ahorro todo el rollo. ;-)