De Códigos
Publicado en Diario de NoticiasMILENIO
Jueves 25 de mayo de 2006
Si algo habremos de reconocerle a Dan Brown será, sobre todo, su capacidad para vender cuarenta millones de ejemplares de su libro. Sumando los cientos de millones de personas que ahora verán la versión filmada, lo cierto es que nos encontramos ante uno de esos fenómenos que en algún libro de historia del futuro deberían aparecer de manera obligada. En lo personal, Brown parece haber conseguido algo más difícil: que pueda darle, al menos en parte, la razón al arzobispo Sebastián. El otro día leía su carta pastoral y coincido con él en que este libro y esta película no suponen en el fondo ni en la forma un ataque a la religión, que no son más que un cúmulo de especulaciones falsas y en gran parte copiadas de otros falsarios anteriores a Brown, que -por encima de todo- se trata de una ficción de nula calidad que, en cualquier caso, aprovecha el tirón que proporcionan la espiritualidad y, sobre todo, la política cristianas.
En lo que no coincido es en que el libro sea “deplorable”: deplorables son las noticias sobre el fundador de los Legionarios de Cristo y todos los que con el resguardo de su sotana son molestadores, pederastas o violadores, o los pronunciamientos de la jerarquía católica en contra de la libertad (también la sexual) y de los derechos humanos en general y en casos muy concretos. Deplorable es esa actitud de nadar y guardar la ropa ante las connivencias entre ellos y los poderes, para mayor gloria de sus propias y antiguas prebendas, mientras pretenden vendernos una ética que nunca ponen en práctica. Lo del libro de Brown, simplemente es una moda, una moda tonta que, además, la propia iglesia está empleando para hacerse publicidad. Como siempre ha hecho, que sus estrategias de mercadotecnia tienen más de milenio y medio de rodaje. Eso sí que es una campaña exitosa. Y deplorable.