"Resident Macarena"
publicado en Diario de Noticias, el lunes 2 de diciembre de 2002
Uno puede irse al cine a ver cómo estrellones de Hollywood se cargan centenares de afganos, de rusos, de negritos o de todo lo imaginable (siempre son malos, además). O seguir las andanzas de un bombero que decide tomarse la venganza por su mano y acaba cargándose a la mitad de la guerrilla colombiana él solito. Violencia y muerte, escenas truculentas y terriblemente realistas de las más de mil formas de morir asesinado. Y nadie dice nada.
Uno puede poner la tele y contemplar escenas de masacres amparadas por los más altos fines de libertad total y compañía. Además de ver cómo se castiga a los malos, luego te lo justifican unos cuantos políticos ávidos de cámara. O ver las series con mayor contenido violento que puedas imaginar que cabe en la caja tonta, con los parabienes de los programadores que nos hurtan programas medianamente culturales e interesantes. Todos sabemos lo que es la tele, incluso la tele pública, así que nadie se queja especialmente, salvo unos cuantos intelectuales que acaban también viendo el espectáculo tan edificante de las noches de Marte.
Uno puede coger su consola de videojuegos y cargarse a varias civilizaciones extraterrestres incluso antes de preguntarles si ellos desean ser exterminados; ponerse en el papel de un cruzado por la gracia de Dios y cargarse al moro infiel. A todos los que quieras. O recorrer la Ciudad del Vicio en tu coche atropellando todo lo que haga falta en una huída sin cuartel. O cargarse a todos los árabes que pilles en tu camino, siempre sospechosos de ser terribles terroristas. Se venden en todos los sitios, y nadie pone reparos.
Pero si se le ocurre a alguien montar una parodia de Resident Evil en la que uno tiene que luchar contar unos zombies que son cofrades, capillitas, beatas, saeteros y demás fauna de la semana santa sevillana, lo tiene claro. Porque se le echan encima unos y otros y acaba en el juzgado detenido y acusado de los más terribles crímenes �contra la libertad religiosa�. Y todos esos que permiten la violencia y el ataque a los derechos humanos en todos los demás sitios, de repente, se ponen a pontificar sobre lo vergonzante que resulta ese juego (que obviamente no es de buen gusto, pero tampoco nada diferente de todo lo demás). No me digan que algo en este país no va del revés.