Santa Semana
Como ya es lunes de Pascua, iremos recolectando la cifra de muertos en la carretera, que es la verdadera tradición secular de este país en estas fechas. Lo cierto es que viendo cómo se conduce (qué descuidadamente, es decir, sin mirar para nada lo que sucede en la carretera, y no sólo lo que uno tiene delante sino, más todavía, lo que viene por detrás o por los lados) uno está casi por pensar que algún dios se encarga de que no haya más muertos. Que sería lo esperable...No estaría mal que esta tradición de la santa semana desapareciera. Como las otras: porque tan negativo y poco adecuado en ningún sitio me parece que la gente se mate en la carretera (o, ya puestos, de cualquier otra manera) como el resto de tradiciones que, esas sí, a menudo a costa del dinero de todos los ciudadanos y vulnerando sistemáticamente no sólo la aconfesionalidad del estado, sino directamente las leyes de protección a la infancia (con la exhibición en horario infantil de torturas, flagelaciones varias, asesinatos y demás barbaridades que, en otros momentos, los adalides de la corrección política habrían denunciado públicamente -pero, claro, con la Iglesia hemos topado de nuevo), las de la igualdad de las mujeres e incluso las de atención a los dependientes si me apuran se jalean con tanto ahínco en estas fechas. Qué vergüenza tan poco constitucional que el país se vuelque con las exhibiciones impúdicas estas de los católicos. Y si a ello sumamos algunas simpáticas tradiciones, como esa hermandad que tiene en Málaga la extraña (y por completo alegal) facultad de librar a uno -o dos, como ha sido el caso- presos del recto proceder de la justicia, pues peor aún. Pero, para colmo, es que además no sólo están los de Jesús el Rico, sino que -leo en La Razón, piadosa lectura, por supuesto- son 18 los indultados este pasado viernes, porque el Consejo de Ministros juega a bailarles la casulla a un montón de hermandades de diferentes puntos del país. ¿Es esto serio? Evidentemente, no. Y luego se quejan de que se mercadee con el tema de los presos de ETA...
En fin: que me parece cada vez más peligrosa la santa semana de los católicos. Servidor se la ha pasado de paseo etnogastronómico por tierras tarraconenses, disfrutando de la paz de algún claustro cisterciense (Santes Creus) y viendo cómo en otro monasterio no menos notable, a pesar de los numerosos fondos públicos empleados -lo afirmo: justamente- en su conservación y restauración, los fraliecitos deciden tomarse fiesta y no abrir al público (Poblet). Por favor, a ver si conseguimos pronto una nueva Desamortización bien montada...
Lo bueno han sido los calçots, las deliciosas longanizas y demás charcuterío, algunos Clos que quedaban por catar, cavas e, incluso, la oportunidad de ver que a pesar del enorme incendio del otro día en torno a Vandellós, las laderas de la playa del Torn han quedado intactas. Y, como siempre, los amigos. Y la lectura a ratos de Tratado de Ateología de Michel Onfray (Anagrama), verdadero bálsamo para una semana en la que siguen cerrando los pueblos al paseante con eso de montar ñoñas procesiones para lánguidos beatos (más beatas, es cierto). Si, de paso, algún alma caritativa acaba de convencer a los programadores televisivos de que no es preciso repetir siempre las mismas películas asquerosas estos días, lo mismo hasta mejoraba el mundo.
Que lo mejor de todo es que ya se ha pasado, y además hemos vuelto vivos, saliéndonos de la estadística de la DGT.