Celo Policial
Estas semanas anda de moda el tema de los macrobotellones convocados (lógico, ¿qué iban a usar, tam-tam, cartas?) por SMS o por correo electrónico. Más que nada porque los medios de comunicación, fieles a su papel difusor, les han proporcionado una amplificación mucho más efectiva. Desde lo de Sevilla, una convocatoria que fue secundada por cinco mil personas, se han convocado muchos más, y no deja de ser interesante que en los mensajes usados se comente el hecho de que lo de Sevilla salió hasta en la tele, ¿vamos a ser menos que los de Sevilla? se preguntan, animando a que la gente tenga un aliciente adicional.Las autoridades, léase en genérico, han tomado también cartas en el asunto. Ellas, que dicen siempre velar por la paz ciudadana (también ha de ser leido como algo muy genérico), son quienes se ven directamente implicadas e incluso retadas por estos jovenzanos un tanto dipsomaniacos. No sólo por lo que puede suponer de peligroso un montón de gente en el mismo lugar (en un sentido amplio en aglomeraciones de cientos o miles de personas puede haber complicaciones específicas sobre lo habitual en una zona pública con menos gente), o porque se trata de una actividad que genera necesariamente ruidos (una vez más, comparándolo con los momentos en que no existe esa aglomeración), y sobre todo residuos. Pero las autoridades saben bien -o deberían- cómo manejar algo así: regular los accesos para evitar problemas, disponer de servicios de limpieza, mantener una presencia que evite... ¿qué?... no sé, los desmanes que podrían producirse, o por si a alguien le da un ataque de algo, o hay que propiciar la evacuación... No sólo por eso, sino porque, es mi percepción, esas autoridades sienten que este tipo de convocatorias se hacen CONTRA ellas. Una especie de insurrección de la mano de las botellas de litro y pico.
Verán que estoy siendo especialmente difuso. Y es que hay que serlo, salvo que uno presuponga que cuando un montón de jóvenes se juntan se convocan los hados de forma que eso (y no otra cosa) sea especialmente peligroso. Quiero decir, si presuponemos que serán jóvenes con ganas de violencia, de destrozar, de hacer algaradas o destrozos, entonces estamos ante una amenaza seria al orden público. Pero, ¿son así las reuniones de jóvenes? Seamos serios. Es más fácil, por supuesto, criminalizar a todo joven que intentar entender las raíces de su forma de actuar en sociedad.
En cualquier caso, la cosa es que ayer a las 22:00 había una convocatoria de estas en Pamplona. Más concretamente en el parque de Yamaguchi donde se encuentra el Pamplonetario. Ya el pasado miércoles, responsables del Ayuntamiento de Pamplona habían hablado públicamente del peligro que suponía la convocatoria, y afirmado que tal concentración propuesta era ilegal y que actuarían con contundencia para impedirla. Quizá, en efecto, las normativas municipales de Pamplona son tales que se prohibe la aglomeración de gente, imagino que en determinadas circunstancias. ¿Será un factor el número de personas? Uno tiene dudas: por ejemplo, en los alrededores de un campo de fútbol, o de un polideportivo cuando hay concierto, o de unos multicines, se producen en ciertos momentos enormes aglomeraciones de personas que no son abordadas desde el Ayuntamiento como un casus belli, sino que se organiza un sistema eficiente de atención y control policial para evitar los problemas A los ciudadanos que acuden. Remarco el "A", por contraposición a la idea que subyace en esto de que hablamos, que no son problemas que genera el mogollón a los ciudadanos, sino que se presupone los problemas que generan esos ciudadanos... una nada sutil diferencia: en un caso, las autoridades disponen sus elementos para ayudar, en el otro, para dificultar.La situación se resolvió, por parte municipal, cerrando el perímetro del parque con vallas. Desde el mediodía se comenzaron a instalar vallas que impedían el acceso al parque salvo a través de los recorridos pavimentados del mismo. Un perímetro que, según Sigpac, tiene 1168 metros, con un área total de 9 hectáreas. Por supuesto, no da para tanta valla, por lo que fueron espaciando, los operarios que pasaron toda la tarde haciéndolo, las vallas, y colocando cinta plástica entre ellas.
Ayer se pasó toda la tarde lloviendo, y desde el Planetario veíamos como poco a poco se iba colocando todo el sistema perimetral... Por supuesto, con esa tarde de perros, apenas había gente circulando por el parque, sólo parejas de municipales, y los susodichos operarios. Eso sí, cualquiera que quisiera (por ejemplo, los habituales deportistas que hacen recorridos corriendo por el parque) atravesar fuera de las zonas de paso que había decidido lícitas la policía, tenía que cambiar su recorrido, o saltar o pasar por debajo de las vallas y cintas. Un engorro, imagino.
Cuenta el Diario de Navarra:
El aspecto que presentaba Yamaguchi a las nueve y media de la noche ya hacía presagiar que el gran botellón convocado a través del correo electrónico no iba a tener éxito en Pamplona. De entrada, la lluvia caía sin cesar y la temperatura no llegaba a los cinco grados. Y además estaba la presencia policial, con una decena de furgonetas y varias decenas de agentes en los accesos al parque y a la plaza. En el interior del parque circulaban dos smart de Policía Municipal.Así que habían conseguido, nuestros probos munícipes, aparte de montar el perímetro de más de un kilómetro, desplazar numerosos efectivos, invadir el parque (peatonal) con sus coches, y proceder a registros a cualquiera que ellos consideraran sospechoso. Estupendo: el estado policial en plena noche de lluvia. Porque además de la policía municipal, también estaba alertada la policía foral.
Los agentes tenían como orden no dejar pasar a nadie con bebida y evitar las aglomeraciones. Así, muchos jóvenes que caminaban por los aledaños de la zona con sus bolsos de entrenamiento eran requeridos para mostrar el interior de la mochila.
Y además para nada. La única convocatoria que funcionó esta vez no fue la del botellón, sino una concentración policial nada amigable. Cierto que no hicieron ruidos (bueno, salvo las sirenas que de vez en cuando usaban para regocijo de los vecinos) y no consta que dejaran basura adicional. Las vallas las recogerán hoy, claro... Según el Diario de Navarra, "sólo una veintena de jóvenes acudió a la cita organizada por Internet en Yamaguchi". Un titular sorprendente, por eso de lo de Internet, pero sobre todo porque habitualmente cualquier fin de semana se congregan en ese mismo parque varias decenas de jóvenes con sus bebidas, y no pasa nada. El titular principal de la noticia del periódico es también gracioso: "La presencia policial y la lluvia truncan el gran botellón convocado en Pamplona". De eso nada. La presencia policial no hizo nada, porque nadie llegaba por allí. Y es que la lluvia es más poderosa que cualquier otra medida policial.
El Diario de Noticias, más adecuadamente, titula: "Mucha agua y poco calimocho". Y es que eso fue. En la noticia recogen: A las diez de la noche, hora prevista para la gran quedada , una gran cantidad de policías forales y municipales controlaba a todos los jóvenes que se acercaban con bolsas sospechosas. "Si llevan bebidas no les dejamos pasar", comentaba uno de los policías. Y así, a las puertas, se quedaron varios grupos que esperaban encontrar, a pesar de la lluvia, una concentración multitudinaria.Poco más que contar de algo que fue noticia por no serlo. No hubo cargas policiales (como no fuera que decidieran perseguirse unos a otros, no se sabe bien cómo lo habrían podido hacer), ni quejas ciudadanas, como ha pasado -y seguirá pasando- en otros lugares.
Este fue el caso de Pelayo y Elena, a los que se les prohibió atravesar la plaza con cajas de vino y Coca Cola. "Vamos a ir a buscar un sitio donde haya más gente que Policía", admitían decepcionados, "nos enteramos del macrobotellón por une-mail , siempre lo hacemos y nunca está la Policía, pero como ahora ha salido en los medios...".
A unos pocos metros, otro grupo de chicas recién llegadas se quedaba asombrada con la presencia de municipales y forales. "Somos las primeras a las que no nos gusta mojarnos mientras bebemos, pero con el precio que lleva la bebida tenemos que optar por hacer botellón en la calle", reivindicaban estas estudiantes de la residencia Roncesvalles. "Si se hace todos los días no entiendo por qué precisamente hoy no nos dejan", añadía una de ellas.
Dejo abiertas las posibles reflexiones. Personalmente, me parece que si esto de las convocatorias de la peña para echarse unos litros, como dicen por aquí, para la litrona, el botellón, la botellona, la botella o como quiera que lo llamemos, se aborda desde las instituciones simplemente como una cuestión policial, mal vamos. Porque va a suceder (ya pasó hace una semana en Zaragoza) que se generarán mogollones, hostias y demás. Por supuesto, el tema de por qué se dan estos botellones, el asunto del ocio de los jóvenes, y, más profundamente, la misma cuestión de la juventud en esta sociedad, quedan pendientes -como siempre- de medidas y planteamientos que siempre se dejan aparcados. Lo de conciliar el ocio de unos ciudadanos con los derechos de los demás ciudadanos sigue también pendiente.
Sin duda, queda todo pendiente. Y, al fin y al cabo, lo único que manda, en estas tierras, es la lluvia.