Cecina De Santo
Llegaba ayer a Navarra, desde su retiro habitual romano y, según cuenta Diario de Navarra, "entre fuertes medidas de seguridad", el brazo incorrupto de San Francisco Javier, reliquia que fue acogida en la Catedral de Pamplona por más de 3.000 fieles, y que hoy llevan al Castillo, donde estará hasta el día 20 de abril, por si alguien quiere verla. Por supuesto, en la primera bancada de la nave central de la catedral estaban las más destacadas autoridades -las civiles- pues, como suele ser habitual en esta tierra, tienen a bien bailar al son que toca el clero, cosa que debe ser de la parte no escrita del Fuero que rige estas tierras.
La veneración de reliquias tiene una larga tradición en la Iglesia Católica (y en otras confesiones, por supuesto...) El actual catecismo la incluye dentro de las formas de religiosidad popular:
1674
Además de la liturgia sacramental y de los sacramentales, la catequesis debe tener en cuenta las formas de piedad de los fieles y de religiosidad popular. El sentido religioso del pueblo cristiano ha encontrado, en todo tiempo, su expresión en formas variadas de piedad en torno a la vida sacramental de la Iglesia: tales como la veneración de las reliquias, las visitas a santuarios, las peregrinaciones, las procesiones, el via crucis, las danzas religiosas, el rosario, las medallas, etc. (cf Cc. de Nicea II: DS 601;603; Cc. de Trento: DS 1822).
La veneración funciona como un culto a objetos pero no por lo que son, sino que "se dirige a Cristo y a los santos que ellas representan" (según explican en el diccionario de corazones.org). En estos tiempos modernos el mercado de reliquias no es tan abundante ni tan relevante como lo fue hace siglos, cuando tenían un papel fundamental a la hora de poder erigir un templo, y de la supervivencia económica del mismo.
Pero siguen teniendo gran importancia. Por ejemplo, esta cecina de santo llegó ayer a Barajas por valija diplomática y fue recibida (cuenta el ABC) "por el provincial de la Compañía de Jesús en España, Elías Royón, y el consejero del Interior del Gobierno navarro, Javier Caballero." (No puedo dejar de hacer notar, una vez más, que la navarridad de las instancias públicas encuentra siempre su acomodo en sitios curiosos. Imagino que, además de la presencia institucional, el coche en el que lo trajeron a Pamplona sería lo mismo el del propio consejero...)
Cuentan las crónicas que tras la muerte del santo frente a China, en Sancián, el cadáver fue llevado a China, allí expuesto, y posteriormente se trasladó a Roma, donde lo tienen habitualmente en Il Gesú. Los visitantes lo encuentran habitualmente (ahora no, claro) en el transepto derecho del templo que casi todo el mundo conoce por ser mausoleo de San Ignacio y joya del barroco jesuítico.
No es la primera vez que lo viajan. Del brazo incorrupto de San Francisco Javier, se contaba una anécdota de la época franquista, ligada a Agustín de Foxá. Lo leo en El Cultural, escrito por Bernabé Sarabia:
un grupo de religiosos, funcionarios y periodistas fueron a Japón con una reliquia: el brazo incorrupto de san Francisco Javier. En una de las recepciones que se celebraron con este motivo, Foxá tomó la palabra para decir: “Pido un aplauso para estos hombres que han sido capaces de dar la vuelta al mundo con el brazo en alto”.
Hablando de viajar, también cuentan las aventuras viajeras de otro brazo incorrupto (más bien momificado, debería decirse o, ya puestos, paletilla o cecina de santo -Fry, el de Futurama, seguro que se la comía...-). Sin duda el más famoso de los brazos incorruptos españoles, el de Santa Teresa, que tuvo la familia Franco como reliquia personal (algo nada extraño porque también tenían todo este país como cortijo personal, cosas de las dictaduras). La hijísima del dictador, cuentan, viajaba a Nueva York, y lo mismo ante el pánico de la gran urbe, decidió doña Carmencita llevar consigo el brazo protector de la santa. Lo que generó un cierto problema en la aduana, por ver en qué categoría se debía declarar tal objeto. Comentaba J.R. Alonso de la Torre sobre la anécdota:
Después de muchas cábalas, un aduanero perspicaz tuvo una ocurrencia que evitó serios engorros diplomáticos. Calificó el brazo incorrupto de embutido y así entró la reliquia en Estados Unidos.
Teniendo en cuenta los problemas que Sophia Loren, convertida en una Maddalena Ciarrapico mujer -casi viuda- de emigrante, tenía con aquella enorme Mortadella en aquella comedia romántica, tiendo a pensar que la anécdota es apócrifa: más difícil es entrar en los EEUU con un embutido que con un brazo de santo momificado. Por lo que leo, actualmente el brazo tan franquista (también, como decía Foxá, este era todo un "brazo en alto"), reside actualmente en el convento de la Merced de Ronda. Claro que igual es sólo la otra mano...
Otra cecina de santo que no deberíamos olvidar, antes de cerrar esta historia, es el brazo incorrupto de San Vicente Mártir, célebre resto que se conserva (desde 1970) en la Capilla de la Comunión de la Catedral de Valencia (rica, por cierto, en reliquias morbosas), del que se dice que se remonta al siglo IV y "presenta quemaduras en la piel". (Cecina excesivamente ahumada, por lo tanto.)
Presumo que dentro de ese millón de reliquias católicas que estimaba Juan Eslava Galán hace unos años, habrá algún brazo más. Tanto embutido (de santidad), para mayor veneración de los fieles -y de las fieles autoridades públicas de un país nada, pero que nada, laico realmente.
En cualquier caso, demos la bienvenida al brazo javeriano que ahora centra las miradas de quienes, tras una noche de andurriada al fresco, hoy en la Javierada, en Javier, celebran este año, quinto centenario del nacimiento del santo navarro.
