El Misterio De La Atlántida
(Publicado en EL SEMANAL el domingo 3 de marzo de 2002, en la sección "Enigmas de la Ciencia")
Nadie en su sano juicio se propone buscar dónde cae en un mapa la Tierra Media que J.R.R. Tolkien inventó en sus libros de los Anillos, ni los países de Lilliput, Brobdingnag, Laputa o la tierra de los Houyhnhnms de la sátira gulliveriana de Johnatan Swift. Sin embargo, la isla mítica de la Atlántida, descrita por Platón en sus diálogos �Critias� y �Timeo� ha sido, y sigue siendo, objeto de búsqueda de quienes creen que existieron civilizaciones desaparecidas de las que nada sabemos.
Los Hechos
Platón vivió entre el 427 y el 347 a.C. En los Diálogos mencionados, aludía a una civilización que floreció �más allá de las columnas de Hércules� que, víctima de su prepotencia, sucumbió en un solo día unos nueve mil años antes de que Solón, personaje en esos textos, oyera la historia contada de monjes egipcios. En un reciente análisis sobre el mito publicado en la revista El Escéptico por José Aurelio Bay se pone de manifiesto que las fuentes históricas del mismo son completamente inexistentes. Ello no ha impedido que a lo largo de varios siglos, incluso historiadores serios se hayan enamorado de la inexistente Atlántida para localizarla en más de cuarenta sitios diferentes, desde Burgos a los Andes, pasando por las Islas Canarias, Santorini o Heligoland. Lo cierto es que los Diálogos en que Platón menciona a Atlantis lo realmente importante es la idea que el filósofo tenía del Estado y del orden Universal. La opulencia de los atlantes les condujo al desastre: se trataba por lo tanto de una ficción con intenciones didácticos. Posiblemente, la destrucción por un maremoto de la ciudad de Helice en el 373 a.C., interpretada en la época como una maldición divina, contribuyó a que Platón imaginara una fábula moral de este tipo. Se ha escrito a menudo que su propio discípulo, Aristóteles, comentaba que Platón había elevado a la Atlántida del fondo del mar para luego volvera a sumergir. (*)
A pesar de ello hay quien opina que Atlantis existió realmente y que un día aparecerán sus restos, como sucedió con Troya, que se creía una imaginación de Homero en La Ilíada pero que fue descubierta por Heinrich Schliemann en 1871. La pseudoarqueología, iniciada a finales del XIX por escritores como Ignatius Donnelly (autor de �Atlantis: el mundo antediluviano�) y popularizada en el XX por otros como Charles Berltiz (el del triángulo de las Bermudas), sigue afirmando que la Atlántida realmente existió. Una vez más, los misterios permanecen más allá de lo increíble de las afirmaciones y de la escasez de pruebas.
Islas que existen, más o menos.
La Atlántida se ha identificado con numerosas islas del Océano Atlántico, pero también del Mar Mediterráneo. Aunque ni las Canarias, ni Madeira, ni Heligoland en el Mar del Norte cumplen las características del mito, una y otra vez vuelven a ser candidatas. Para ello sólo hay que mezclar datos dispersos con leyendas. Por ejemplo, la inexistente San Borondón se ha solido asociar a esa Atlantis que, de esta manera, pasaría de la geografía física a la de los sueños.
Un continente desaparecido.
Durante el XIX y comienzos del XX se acarició la idea de la existencia de un continente en medio del Atlántico. Habría sido sumergido por las aguas tras la última glaciación, con el aumento del nivel de los mares, o habría sucumbido a terremotos y vulcanismo. Sin embargo, los fondos oceánicos se conocen lo bastante bien como para saber que tal continente simplemente nunca existió. Ello no quita para que incluso hoy día aparezcan personas que afirman que cerca de las Bahamas hay sumergidas calles empedradas, confundiendo formaciones naturales con la arquitectura de los atlantes.
La huella de las civilizaciones.
Los más osados pseudohistoriadores han querido relacionar desde antiguo el florecimiento cultural del neolítico mediterráneo a causas externas. A menudo se ha dicho que fueron los atlantes que escaparon del desastre quienes hicieron nacer culturas como la egipcia o la griega. Incluso se ha afirmado, como hacía de manera tan infundada en Gargoris y Habidis el español Sánchez-Dragó que la herencia celta no es sino vestigio de la Atlántida. Como suele pasar, sin embargo, los arqueólogos no necesitan de esas pintorescas hipótesis...
Nota: mea culpa, ese comentario de Aristóteles se le atribuye a Estrabón. Pero podría ser simplemente apócrifo, aunque ha sido abundantemente referenciado a lo largo de la historia. Por otro lado, aunque Aristóteles nada dijera de su descreimiento de la ficción de Platón, esto no resta ni añade un ápice de evidencia en el tema. Aviso también de que dado que la fuente que afirma no haber encontrado esa referencia de Estrabón es muy poco fiable y es ajena a los cauces de la investigación histórica seria, tampoco puedo decir más... (9 de diciembre de 2006)