Adiós, Txetxo
Nota previa:El día 25, tras comer en casa de su hermano, le dio a un amigo, de la cuadrilla, Josetxo, un ataque al corazón y murió de repente. Dicen, esas cosas que los médicos cuentan sin duda para consolarte un poco, que la muerte le llegó de forma instantánea y ahí se quedó. Nosotros, que nos hemos quedado de piedra, hemos llevado hoy el cadáver para que lo incineraran. Nos hemos juntado mucha gente, entre familia y amigos, y todos estábamos helados, no sólo por el día que hacía. Cosas de pasar en público por un tío que junta letras: me pidieron que fuera yo quien leyera unas palabras en el último acto, con el ataúd expuesto antes de que lo llevaran a quemar. Desde luego, todos teníamos muy claro que no queríamos una ceremonia al uso, y menos con un cura rondando por ahí. Me tocó oficiar en esa ceremonia, y ahora que ya no me queda apenas llanto, aunque la ausencia sigue igual de dura, me atrevo a dejar el texto que he conseguido leer (gracias a que Ana me apretaba el brazo y conseguía que no me quedara sin voz; ella había leído un pequeño y emotivo agurra, una despedida, en euskera, y yo había hecho lo mismo). Malamente, conseguimos leer en alto ante todos los amigos nuestros tristes epitafios. Desde luego, nunca me había visto tan incapaz de hablar, de mantenerme entero. Nunca, y ahora ya sé que siempre hay una primera vez, pensé en verme oficiando nada ante la muerte de un amigo.
Quede este texto como homenaje a Txetxo. Confieso que no he podido pergeñar gran cosa y que he robado mucho de algo que encontré por ahí y por allá. Es curioso: qué poco material escrito hay para poder decir un adiós a un amigo muerto sin caer otra vez en el yugo del monopolio católico (o en general religioso). Me comentaba el empleado municipal del crematorio que son pocas las veces que se hace realmente una ceremonia laica. Demasiados años y demasiados privilegios... En cualquier caso, todo amabilidad, el personal del crematorio municipal ha atendido nuestras peticiones: la música que nos ha recibido ha sido Like a rolling stone de Bob Dylan, que él quería tanto. De fondo a las palabras de despedida, no he conseguido más que rescatar un denso requiem de Joe Hisaishi, todo a cinco minutos de la ceremonia. Pero ha sido un bello fondo musical.
Dentro de unos días, plantaremos un árbol jóven que recuerde en el monte a Josetxo. Luego, como hoy después de la cremación, nos iremos los amigos, la cuadrilla, a comer juntos. Y brindar echándole de menos. En fin, aquí el texto.
Decía Nabokov: "la vida es un grandioso amanecer y, así, no veo por qué la muerte no debería ser algo aún mejor". No podemos, sin embargo, dejar de sentir pena y llorar por la ausencia del amigo. Morirse es una mierda, y no hay vuelta de hoja. Hace nada él estaba con nosotros, y jamás habríamos podido imaginar que no iba a ser así hoy.
Esta muerte es mucha muerte. Demasiada, y todos daríamos lo que fuera por no tener que estar aquí, hoy, despidiéndonos de él. Es difícil tirar adelante, aunque es cierto que buscando en el recuerdo tenemos como propios muchos momentos que podemos seguir celebrando, y que quizá nos sirvan para mitigar la pena. Esa pena que compartimos como amigos, como familia de Josetxo. Si me lo permitís, en vez de hacer de portavoz de esos recuerdos, quiero dejar un momentito de silencio para que cada uno de nosotros sonría con uno de ellos...
(PAUSA)
Gracias. Ya lo sabemos todos, y demasiado bien, esta pérdida es irreversible. Quedamos, eso sí, para dar un testimonio: nosotros estamos aquí, eso no ha cambiado. Permitidme parafrasear(*) ahora unos versos de Scott-Holland, quien los escribió en primera persona. Los pongo ahora en nuestra voz, como homenaje de todo lo que hemos vivido con Txetxo.
La muerte no es nada, no cuenta.
Nada ha pasado.
Todo permanece exactamente como era.
Nosotros somos nosotros, y tú eres tú,
y la antigua vida que vivimos juntos está intacta
inalterada.
Todo lo que fuimos para el uno para el otro, todavía lo somos.
Te llamaremos con tu nombre familiar de siempre.
Hablaremos de tí en la forma sencilla y afectuosa con que solíamos hablar.
No cambiaremos el tono de voz
no adoptaremos un aire melancólico.
Reiremos, como hacíamos siempre
ante las pequeñas bromas que tanto nos gustaban cuando estábamos juntos.
Actuaremos, sonreiremos, pensaremos en tí.
Tu nombre será la palabra cercana que siempre era.
Lo pronunciaremos sin sombra de tristeza
porque la vida conserva todo el sentido que tuvo siempre.
Todo está bien, aquí. Hasta siempre, compañero.

Nota:
(*) Muy libremente, quien conozca el texto de Henry Scott-Holland verá que he trastocado todo lo que he querido el poema para deshacerlo, en una versión libérrima. El teólogo lo usó como sermón para el entierro del rey Eduardo VII en la catedral de San Pablo en 1910.
Addendum
Me ha mandado Ana el texto en euskera:
Eskuartean duguna ez da baloratzen galtzen den arte. Hala diote.
Txetxo maitea:
guk, denok, zure familiak, lagunek, lankideek, ikasleek, ezagutu zaituen edonork bazekien zer zen zu ondoan izatea.
Eta orain betiko joan zarela, zure baloreek, zure izaerak, zaren izarrak distira egiten du.
Ez da zure txantxa eta laguntasunaz disfrutatu ez duenik,
zure leialtasuna ezagutu ez duenik,
zure bizitzeko gogoa eta poztasuna ikusi ez duenik…
Ez da.
Joan zara, baina badakigu beti gure ondoan izanen zaitugula, gure bileretan, bestetan, mintzaldietan... beti izanen dugu toki bat zuretzat.
Maite zaitugu betiko, lagun.
Traducción:
Se dice que no apreciamos lo que tenemos, hasta que lo perdemos…
Querido Txetxo: nosotros, nosotras, todos, tus familiares, amigos, compañeros, alumnos, cualquiera que te haya conocido, ya sabíamos lo que suponía tenerte al lado, pero ahora que nos has dejado, todos tus valores humanos se realzan especialmente.
Quien no ha disfrutado con tus bromas, tu compañía; quien no ha valorado tu lealtad, quien no te ha visto vivir la vida con esa alegría que te caracterizaba…
Te has ido, pero sabemos que estarás siempre a nuestro lado, y en nuestras reuniones, en las fiestas, en las conversaciones, siempre habrá un sitio para ti….
Te queremos, fiel amigo.