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En respuesta a #14 y #15
Dices:
"La hipótesis "Enrique Arrasti existe" no es necesaria para explicar el funiconamiento del universo. ¿Debo concluir que usted no existe?"
Pues mal vamos si confundimos un dato con la hipótesis que lo tenga en cuenta, creo yo. Mi existencia no es una hipótesis, a no ser que te encuentres bajo los efectos de alguna droga y no sepas distinguir los efectos que en tu cerebro producen realidades materiales externas de lo que serían recreaciones puras de tu mente. Y lo digo sin nigún tipo de mal rollo, entiéndeme.
Dices:
"Yo no sé si toda hipótesis innecesaria es falsa. Lo que sí sé es que toda hipótesis no contrastable es irrelevante. Y también sé que Dios es una hipótesis innecesaria para explicar el funcionamiento del mundo, es decir, hay otras hipótesis que explican igual o mejor dicho funcionamiento."
Y yo te digo que la hipótesis del Universo Inflacionario es innecesaria para exlicar el principio de Arquímedes. Pero no hay duda de que, si prescindimos del todo, de la totalidad de lo real, podremos fingir que la hipótesis de Dios es innecesaria, pues, es verdad, no recurrimos a la misma para calcular un interés bancario o para explicarnos el incendio de un bosque en verano o para explicar el movimiento de las galaxias.
Como bien concluyes, ningún dato podrá jamás demostrar la inexistencia de Dios. Lo que sí es posible es, centrándose en círculos menores de la realidad, distraer nuestra atención del desquiciante problema que supone la existencia de algo antes que nada.
Personalmente, tiendo a creer en lo del diseño, no porque no conozcamos el proceso por el que una masa informe puede llegar a crear una cosa tan compleja como la más simple de las vidas imaginables, sino, más bien, porque conocemos infinidad de procesos que son capaces de llevar cualquiera de tales procesos al traste.
Para alcanzar la vida son necesarias un número de casualidades tan enorme, pero tan enorme que, con los conocimientos que ya tenemos, podemos concluir en que esto es una imposibilidad. De hecho, ¿qué propone Weinberg?: recurrir a casi, o sin casi, infinitos universos. Es muy consciente de que necesita hinchar los números de algún modo, pues la ciencia que él conoce, esa que es factible de experimentar, no puede explicar, pero ni de lejos,lo que vemos. Y donde yo pienso en Dios, que no deja de ser un infinito, Weinberg cabila el suyo propio. Y es que, ya que aquí hay música y no ruido, forzosamente no ha de ser matemáticamente imposible que, al tirar un piano por una escalera, nos suene una sonata de Beethoven. Y si, gracias a la ciencia, no creemos que tal cosa sea posible en toda la vida de un Universo como el nuestro -aunque no hubiera en él otra cosa que pianos despeñándose-, pues multiplicamos el número de universos lo que haga falta, hasta que la existencia de una sonata imposible deje de ser una imposibilidad.
No es Weinberg distinto a mí. Él es también, a su modo, un escéptico de lo que pregona y se inventa su Dios, su infinito, uno que, a poder ser, le quepa en la cabeza.
En fin, siento el rollo.
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