Un Pregón
NOTA:
El lunes 25 de abril de 2004 tuve el grandísimo honor -e idénticamente grande responsabilidad- de pronunciar el pregón anunciador de las Fiestas de San Prudencio y de la Virgen de Estíbaliz, Fiestas de Álava que comienzan ya hoy 27 de abril. siendo el día grande el 28, día de San Prudencio. Unos meses antes, la Diputación Foral de Álava me había invitado a hacerlo e, inconscientemente, acepté. Para los que no conozcan estas fiestas, explico que no se trata de un pregón de los de balcón y chupinazo, sino un acto que tiene lugar en el Teatro Principal. Tras el pregón, una orquesta y un multitudinario coro de chavales hizo un concierto precioso. Mis palabras quedan ahora aquí en la bitácora. De todas las cosas que he puesto por aquí, esta es la que más me ha costado escribir, y sobre todo, leer ante un teatro abarrotado. Una y no más, desde luego... aunque la cosa fue simpática. La cuentan, por ejemplo, en El Correo.
(aunque no se note, la corbata es de pececitos, homenaje a esta pecera de Blogalia)
Pregón
Agintari txit argiak, arabarrok, lagunok:
Nere lehen hitzak, festen pregoi honetan, euskeraz izan behar nituen, denoi agurtzeko. Arrasti honez, baita gure hizkuntza guztiokin ospatzeko ere.
Pregonaria izatez, deialdi bat egin nahi izango nuke: Arabako Festak, San Prudentzio eta Estibalitzko Andre Mariaren Jaiak ospatzeko. Egun hauetarako opa nahi dizuet hauxe: festa, aukera ona izan dadin lagunak eta etxekoak elkartzeko; musikaz eta kantuaz gozatzeko, kalejiretan, erromerietan, erretretan, eta danborradan ere; ilusioa oparitzeko jokoetan, kiroletan... janaldi orotan. Gure festa da festa hau. Nola hobe ba?
{Antecedentes cósmicos y defensa de la ciencia}
Hace 13.700 millones de años, el Universo nacía aquí mismo, donde ahora estamos nosotros. Lo que pasa es que entonces ni estábamos nosotros, ni el Teatro Principal que nos acoge. No estaba Vitoria, ni Álava, ni Euskalherria, ni nada de la Tierra, que no nacería hasta 9,200 millones de años después. Ni nuestro Sol, aunque había nacido unos 500 millones de años antes que nuestro planeta, cuando el Universo tenía ya 8.700 millones de años. ¿Qué decir del cielo, de esa Vía Láctea o Camino de Santiago que, dicen, se refleja en la tierra con estos caminos que recorren el norte de la península? Pues tampoco. Los cúmulos más antiguos de nuestra Galaxia tienen unos 11.000 millones de años de edad, e incluso las galaxias más antiguas nacieron mil millones de años después de ese comienzo que, repito -por más que parezca paradójico- tuvo lugar aquí.
Sucede que entonces, al nacer nuestro Universo, apareció la energía -no la Luz, que decía el Génesis: el Universo fue completamente oscuro y opaco durante más de 300.000 años-. Y a la vez aparecía el espacio y el tiempo. El dónde y el cuándo. En la primeramillonésima de segundo el Universo había alcanzado ya un tamaño inconmensurable, y las partículas que componen toda la materia, incluyendo esa materia oscura y esa energía oscura que se ha descubierto fundamental para entender la forma en que evoluciona, estaban formándose. Más o menos a partir del tercer minuto se había generado todo el hidrógeno, que es el principal elemento de que se compone el Cosmos. En esos primeros momentos, los primeros núcleos atómicos comenzaron a llenar un Universo muy diferentedel que ahora vemos.
Somos herederos de esos procesos, sin que nadie pensara en que un día estaríamos nosotros aquí intentando desvelar los entresijos de su historia, la maravilla de la física que rige esa materia y esa energía, ese espacio-tiempo que, hace ahora un siglo, comenzaba a aparecer en la mente de los más brillantes científicos.
En 1905 Einstein tuvo ese año maravilloso en el que le dio a la física una vuelta y dos también. Él, con otros físicos, consiguió cambiarnos la visión del Universo y de nuestra propia vida diaria. Este año de 2005 se conmemora el Año Mundial de la Física, celebración que -y ya es lástima- pasará desapercibida para mucha gente. Me permitirán que, arrimando el ascua a su sardina, este pregonero ose convertir su llamada a la fiesta en convocatoria a la celebración de la ciencia también.
No es arriesgado decir que nada de lo que ahora somos estaría aquí sin la ciencia. Todos los elementos del bienestar de que disfrutamos han venido de la preocupación de intentar explicar la naturaleza y de aprovecharla para nuestro beneficio. No sin consecuencias nefastas, porque el hombre es criatura falible y ya dice el refrán que sólo nosotros tropezamos dos veces en la misma piedra. Pero el espíritu crítico, el análisis sin dogmas de lo que vemos, fue lo que nos permitió comenzar a mejorar. Mejoras en lo material, pero también en la propia reflexión sobre nuestra condición. Mejoras sociales y más libertad.
Paradójicamente (y de esto se duele a menudo el mundo de la ciencia aunque sin que le hagan demasiado caso) hemos construido una sociedad en la que, dependiendo de la ciencia, considerándola herramienta fundamental del progreso, no la tenemos del todo como algo nuestro. Siendo, quizá, lo más nuestro que tenemos. Y eso tiene curiosas implicaciones, que no siempre son buenas.
Pongamos, por ejemplo, nuestro entorno cercano, yéndonos a una escala mucho más local que la de esa Gran Explosión que comenzó el Universo, de la física que hizo nacer nuestro Sol y después nuestro planeta, donde la vida apareció y vivió durante más de milmillones de años en forma elemental y unicelular, con ese despliegue maravilloso que explica la evolución y que ha ido permitiendo la gran variedad de la vida, incluso el que unas especies de primates hayamos conseguido plantar nuestros reales en el Mundoy creernos los reyes de todo lo demás. Más cerca aún, aquí, en esta tierra Alavesa que ahora festejamos: ¿qué claves de nuestra propia historia colectiva podemos recordar que tengan que ver con la ciencia?
Suelen los historiadores de la cultura recurrir a esa calificación de Atenas del Norte para esta ciudad. Regalo para la memoria que ha permitido hincharse de orgullo a más de uno. Pues salvando algún médico que aún recordamos en nuestras calles o, hablandode calles, esa calle de los astrónomos que observaron hace casi un siglo un eclipse total de Sol, salvando sobre todo el trabajo pionero de Xavier María de Munibe, Conde de Peñaflorida, y aquellos que hicieron surgir la Ilustración entre Azcoitia y Vergara, y que también tuvieron su sede en nuestra ciudad (con el primo de Munibe, José María de Aguirre, Marqués de Montehermoso), esa Sociedad Bascongada de Amigos del País que aún es referente en lo cultural, poco tenemos recordado, y poco lo valoramos.
Resulta entonces que aunque hoy tengamos empresas que están construyendo elementos fundamentales en los satélites que orbitan en torno a la Tierra, o las cúpulas de los telescopios más grandes del mundo, o que en los departamentos de investigación universitaria, o en los centros sanitarios, se estén produciendo, aquí mismo, importantes avances científicos que van contribuyendo al progreso de todos, apenas los conocemos, apenas hacemos nuestra esa empresa colectiva de la ciencia. Vivimos en una especie de analfabetismo científico que deberíamos desterrar. Y con ello no quiero desmerecer una historia cultural sin duda rica, sino simplemente recordar que la ciencia también es cultura, que sus mujeres y hombres son parte de nuestra historia, necesaria historia que, si no mimamos, acabaremos perdiendo.
O peor aún, porque algunos parecen empeñados en convertir todo el mundo en un mercadillo de sorpresas inexplicables. Es triste que den más que hablar unos absurdos fantasmas en el edificio de Hacienda o unas estupideces que mezclan muertos vivientes y platillos volantes en Ochate que los verdaderos temas científicos que nos han de preocupar: la búsqueda de un desarrollo que pueda sustentarnos a todos, el avance en la lucha contra las enfermedades. No: algunos parecen empeñados en vendernos misterios de a duro que ya eran cuentos de viejas hace siglos. Pongamos luz y quitemos oscuridad, ilustración y menos ocultismo pseudocientífico...
{Biografía y Cinco Sentidos}
Uno podría preguntarse: ¿Ciencia en San Prudencio? A lo más, algunos que usan el GPS para tener localizados los perrechicales... o la ciencia que entra en los fogones para sorprendernos con nuevas texturas, formas de cocción o maridajes de sabores sorprendentes. O esa meteorología que, por más que queramos, no ha conseguido hacernos pronósticos fiables del todo para ver si nos empaparemos en la retreta, en la tamborrada o en la romería de Armentia.
En cualquier caso, siendo esto un pregón y por lo tanto invitación y llamada a la fiesta, incluso desde el pensamiento científico, uno se encuentra con que las fiestas que uno vive, los sucesos que celebra, quedan siempre en la memoria, forman parte de unabiografía que, además, eres tú mismo. Somos, en gran parte, nuestra propia biografía. Y el resto, genes, no lo olvidemos.
Así, estas fiestas tienen para mí el sonido que cada cuarto de hora montaba la retreta desde Diputación, y que -recuerdo- algunos años oíamos desde casa, abriendo las ventanas. El 27 de abril es el cumpleaños de mi madre, y esa era tarde de celebración: familia y amigos que iban apareciendo en un piso ya pequeño para quienes vivíamos todos los días en él. La fiesta estaba en casa, pero, ya digo, de vez en cuando se abría la ventana -aunque hiciera frío- y entraba la otra fiesta.
Las fiestas fueron otros años paseos hasta Armentia, con la cuadrilla, los amigos. Tirándonos -cuando se podía- en las campas, y pasando allí el día. Deambulando entre los puestos, bailando las músicas... Otros años llegaron a ser de nieves, y me recuerdo subiendo por el paseo en una Vitoria blanca a finales de abril. Muchos más eran de lluvias que te pillaban siempre en medio de ninguna parte. Empapados, claro. Algunos de mucho frío, como si el invierno aún quisiera demostrarnos que sus efectos siguen más allá de lo que dicta la órbita de la Tierra. Y otros de calor casi veraniego, despatarrados en el verde siempre jugoso.
O esas noches, ya más mayor, cuando uno podía ir de bares y trasnochar, cuando de repente invadían el bar gentes aún vestidas de cocineros de la tamborrada. El tumulto, el apretón humano, el sonido convertido en sensación táctil. Y un cielo al que, comprenderán, siempre he mirado. Reconociéndolo como un paisaje cercano y propio, a pesar de su lejanía. Cuando años más tarde, al otro lado del mundo, he encontrado estrellas de las que recordaba su nombre, constelaciones de las que sabía su historia, el cielo ha sido siempre un refugio amigo.
Memoria icónica: las imágenes que como álbum de fotos vas recopilando día a día, y año a año. En colores a menudo guiados por la presencia del Sol, cuando se hacían más brillantes y tiernos. Es la primavera y esta es una fiesta de primavera, de renacimiento y cierta conjunción con la naturaleza, como muchas otras que hay por todo el mundo en estos momentos. También estaban otras veces los grises, plomizos, colores con olor húmedo y una naturaleza que rezumaba agua por todos los rincones.
Acabo de mencionar el olor. Y rápidamente añadiré: y el sabor. Gran parte de nuestra memoria episódica -la que narra nuestra biografía- incorpora sensaciones visuales, sonoras, táctiles, pero sobre todo olfativas y gustativas. Así uno piensa en estas fiestas y recoge olores del perretxiko; el cocido de las habas que la tía Mari siempre se encargaba de hacer (y no sólo en estas fechas, afortunadamente) con los aromas del tocino y el chorizo, y el sabor ácido y contundente de la leguminosa; los caracoles, como sensación múltiple que no sabes dónde empieza o dónde acaba.
Esos aromas despiertan inmediatamente recuerdos a veces muy lejanos, con una tenacidad sorprendente. Una magdalena en el té permite a Marcel Proust en su "En busca del tiempo perdido" saltar hacia el pasado y reconstruir una vida y una época. Sabemos que el procesamiento cerebral de esas sensaciones está en una parte antigua y remota de nuestro sistema nervioso, en el sistema límbico, que además controla las emociones, la conducta y la memoria. Cuentan los expertos que esos sistemas trabajan conjuntamente como mamíferos que somos, herederos evolutivos de especies que consiguieron sobrevivir asociando diferentes sensaciones a situaciones de peligro, a oportunidades de alimentarse. A la supervivencia, en definitiva. Y ahora, quizá, estamos propiciando un viajede ida y vuelta, pues al mencionar yo el olor de los perretxikos, cada uno de ustedes habrá establecido una conexión entre eso que oían y alguna experiencia personal con ese olor.
Somos así, y la memoria nos aprisiona tanto como nos da oportunidades. ¿Mencioné las fritangas de las fiestas, el olor del talo o de los alcoholes caídos por el suelo? ¿Los meaos de las esquinas que parecen parte inseparable de cada una de las fiestas? Todo ello vale, porque todo ello es parte de nuestra biografía, que nos ha ido forjando en lo que somos, permitiéndonos además aspirar a algo mejor.
{Antropología de la fiesta}
Todos los primates demostramos una estructura social compleja: los grupos familiares, los clanes, necesitan cuidar esas relaciones día a día. Los más pequeños han de ser enseñados en los diferentes rituales que les permitan entender cómo funcionan las cosas, de qué estructura son parte ellos mismos. Si los gorilas de montaña pasan gran parte de su tiempo tocándose, espulgándose o acariciándose, con juegos específicamente pensados para crear ese cemento social, los humanos, que nos movemos en grupos mucho más numerosos, llegaríamos a no dar abasto si no fuera por la compleja plasticidad que la conducta y el lenguaje permiten.
Explican los antropólogos culturales que las fiestas, como muchos otros rituales, funcionan en ese nivel de cemento social, de creación de redes de pertenencia y dependencia. Necesitamos las celebraciones para sentirnos parte del colectivo, miembros de unacomunidad de iguales. No es raro que el elemento festivo sea parte de todas las culturas humanas desde muy antiguo. Y en nuestras sociedades modernas, postindustriales, de economía globalizada y cultura que tiende a la uniformidad, seguimos necesitando demétodos que nos sirvan de referente.
Cierto es que, a menudo, los grupos humanos se establecen en comunidades de pertenencia utilizando a la vez la misma argumentación para diferenciarse de los grupos vecinos. Nos vemos diferentes de los otros. Y, también a menudo, esa diferencia conlleva unavaloración: no sólo somos diferentes de los vecinos, sino mejores. Y acabamos encontrando buenísimas razones que nos lo demuestran, como descubrimos en las actitudes y actuaciones de los otros la demostración de que no valen tanto como nosotros. No hacefalta seguir mucho este hilo de pensamiento para entender que aquí encontramos uno de los orígenes de los conflictos humanos. El extranjero siempre es sospechoso, si no reo, por el hecho de serlo. Vivimos en una sociedad atenazada por esos espejismos sostenidos con violencia. Mal vamos por ahí.
Igualmente, muchos de los rituales de celebración utilizan un anclaje en una cierta repetición de prácticas anteriores que podríamos llamar la tradición, para dotarse de mayor poder. Recurrir ad autoritatem, ad verecundiam, es algo muy habitual. En el razonamiento lógico sabemos que esas argumentaciones demasiado frecuentemente son simplemente falacias del pensamiento. No todo lo que nos viene del pasado es necesariamente bueno, ni todo lo que dijo alguien importante es necesariamente importante hoy para nosotros. Las fiestas, como todas las conductas sociales, evolucionan y cambian con los tiempos, y lo que antes pudo haber sido elemento fundador de una tradición ahora es simplemente algo cosmético. ¿Cuánto hay de eso en las fiestas que celebramos?
Introducía estos aspectos para intentar concluir que el sentimiento festivo de una colectividad ha de ser mantenido de forma activa. Día a día los ciudadanos han de ir adaptando las tradiciones, encontrando el sentido personal, y social, de las celebraciones. Saber recoger lo que merece la pena del pasado, aplicarlo a nuestras realidades, proponer futuros más humanos y solidarios es nuestra obligación. Y especialmente en las fiestas.
Hablaba antes de que somos en gran parte nuestra propia biografía. Pero por delante queda mucho por escribir y aunque nos guste tropezar de nuevo en la misma piedra, podemos, afortunadamente, escapar de esos círculos viciosos.
Y con esto quiero concluir, recuperando la llamada inicial que hacía a celebrar la fiesta, a celebrarnos en la fiesta en todos los elementos que sintamos que nos aportan algo. Que las familias y los amigos aprovechen para reunirse y reconocerse, que los actos festivos sean actos en los que nos encontremos y disfrutemos. Como ciudadanos responsables de este país que tanto lo necesita.
Desde la mirada crítica de alguien que, como yo, intenta entender el mundo en que vivimos, ese que no para de sorprendernos, desde las escalas más lejanas de ese Universo que también comenzó aquí mismo hace tantos miles de millones de años a las escalas más cercanas del día a día, una mirada que siempre está llena de preguntas, hoy, cambiando el papel, me someto a vuestro juicio. Sé que el de los míos, que están aquí hoy -y a quienes como no podría ser de otra manera dedico también estas palabras- será benevolente. Espero que el de todos los demás me permita, al menos, celebrar con todos estas Fiestas de Álava que, en esta última frase pregono:
Denok jai zoriontsuak izan ditzazuen!
Eskerrik aunitz.