Lectura Asistida Por Ordenador
Supongo que para los tecnofrikis la cosa será como comer sopa con cuchara, algo perfectamente natural. Pero yo he ido poco a poco cayendo en ello y ahora realmente me he dado de cuenta de que algo ha cambiado irremediablemente en mis hábitos con esto de la red (incluyendo adsl y tarifas planas, obviamente, que si no no es lo mismo). Como muchas de estas costumbres que adquieres sin ser consciente de ello, no te fijas hasta que te falta. Como últimamente he tenido oportunidad de estar unos tiempos alejado de mis confortables conexiones con las autopistas de la información (me encanta este ampuloso término), lo he notado bastante.
Esto era el preámbulo, que con el título da suficientes indicios para entender de lo que estoy hablando, de lo que me ocupo en este párrafo (esta frase es como el RDF en autorreferencia): que ya casi no puedo leer un libro sin tener a mano el navegador (con la interface del Oráculo Gogglero) para consultar todo lo que se me viene a la cabeza según estoy leyendo. Durante años, me maravillaba de la constancia de algunos amigos que eran capaces de leer con un cuaderno de notas al lado para ir apuntando cosillas, palabras, notas, que luego consultarían en otras fuentes. Yo me había animado a hacerlo en algunas ocasiones, pero luego nunca encontraba tiempo ni ganas de ponerme a bucear en la Espasa o en el DRAE. Salvo contadas ocasiones... Ahora, las cosas han cambiado. A ratos me siento cerca del ordenador (eso de tener teclado inalámbrico facilita las posturas más relajadas, por cierto), y según voy leyendo... ahí le meto al oráculo la pregunta que se me ha venido a la cabeza. Y, suele suceder, ahí dejo casi de leer el libro. Porque empiezo a caerme de página en página sobre el asunto de manera que a veces la duda curiosa original se convierte en cualquier otra cosa. Uno es de natural disperso.
En todo caso, y si uno se logra sobreponer a los males de la navegación dispersa, la LAPO, o sea, Lectura Asistida Por Ordendor, es todo un hallazgo. Estos días la practico con el tercer tomo del Criptonomicón de Stephenson y no saben cuánto sufro intentando avanzar en la novela (a estas alturas estoy ya perdidamente adicto) y por otro lado ciriqueando por páginas que hablan de personajes y temática que me salen en el texto.
¿Será grave, doctor?