Esplendor En La Hierba
Publicado en El Correo, TERRITORIOS, Ciencia/Futuro, el miércoles 17 de julio de 2002
El cannabis es una droga perseguida por muchos países, especialmente por los EEUU que han presionado siempre tanto a las Naciones Unidas como a la Organización Mundial de la Salud (OMS) para evitar que pueda ser despenalizada. A finales de 1997, un informe de la OMS que recogía datos de quince años en todo el mundo, concluía que la droga tiene efectos sobre el desarrollo cognitivo y sobre la capacidad psicomotora, y que ello implica peligros importantes que desaconsejaban su consumo. Los consumidores crónicos podrían llegar a tener problemas psicológicos, defectos en sus capacidades cognitivas, o incluso afectar al sistema inmune. Sin embargo, la revista inglesa New Scientist accedió a una versión no definitiva del informe unos meses después: la OMS había decidido eliminar unos cuantos párrafos, en los que se ponía en comparación el cannabis con el alcohol o el tabaco: el daño global a la salud de la primera era sensiblemente menor que las otras, consideradas legales en todo el mundo. La filtración supuso una escalada en la guerra entre el prohibicionismo y la permisividad que se ha venido viviendo en los últimos treinta años. Los argumentos a favor o en contra del consumo de esta droga suelen a menudo quedar ocultados por los prejuicios, y pocas veces se tienen los datos sin sesgo.
La marihuana es una planta herbácea que ha sido cultivada por numerosas culturas desde el Neolítico. La especie Cannabis sativa es más conocida como cáñamo, y ha sido usada como fuente de fibra vegetal dura y resistente. La Cannabis indica es la que popularmente se conoce como marihuana o marijuana. Su uso terapéutico, y su carácter enteógeno (generado de experiencias alucinatorias a menudo interpretadas en términos religiosos) la ha hecho acompañar la historia de casi todas las culturas humanas. Y, en el siglo XX, convertirse con otras sustancias en una droga no legal en muchos países: ni su consumo, ni la posesión y menos el tráfico, que quedaba así condenado a convertirse en parte del negocio del narcotráfico mundial.
El principio activo de esta planta es el delta-9-tetrahidrocannabinol, o THC. Está presente en los cogollos y las hojas tiernas (*) (la maría que se fuma), de las que se puede obtener una resina que también contiene el THC, el llamado hachís. Los efectos que produce su consumo son muy variados: sedantes y estimulantes, algunas veces psicodélicos, dilatación de la percepción del tiempo y sensación de bienestar. Aumenta el ritmo cardiaco y enrojece los ojos, aparte de abrir el apetito. La sobredosis puede provocar ansiedad o sensación de pánico y trastornos gástricos, aparte de dolores de cabeza y "resaca". En cualquier caso, en dosis moderadas no produce adicción física, y los efectos cognitivos y psicomotores no parecen ser permanentes.
Sin embargo, el pasado mes de marzo de 2002 se publicaba un estudio patrocinado por el gobierno estadounidense en el cual se concluía que los usuarios a largo plazo (20 años o más) de marihuana tenían peores puntuaciones en tests de memoria y atención. El mismo efecto cognitivo que tiene el fumador cuando está "dopado" que, de esta manera, podría llegar a dañar el cerebro. Sin embargo, han ido apareciendo críticas a las conclusiones: a veces los sujetos habían fumado hacía sólo 12 horas, con lo que podrían estar sujetos a efectos de corto plazo. Por otro lado, la muestra de estudio incluía muchas personas que se habían acercado a los hospitales de Seattle y Miami (dos de los lugares donde se llevó a cabo el estudio) para buscar tratamientos que les permitieran dejar la marihuana. El psiquiatra Harrison Pope, de la Harvard Medical School de Boston, afirmaba que su respuesta en los tests podría por lo tanto estar mediada por estados como la ansiedad o depresión.
Pero la popularidad del cannabis en los últimos años se ha producido al popularizarse sus efectos terapéuticos, como sedante y estimulador del apetito. Ciertamente, ello no quiere decir que su consumo es completamente seguro, y es clara la asociación del consumo de cannabis con otras toxicomanías: tabaco y alcohol principalmente. Algunos estudios afirman que los consumidores de cannabis pueden caer en otras dependencias más graves: heroína o cocaína, pero realmente no hay estudios que demuestren una conexión causal, siendo a menudo un proceso social que algunos estudiosos creen que se debe más al prohibicionismo que a ninguna razón bioquímica.
En 1995 el principal colectivo del mundo sanitario estadounidense, la Asociación Estadounidense para la Salud Pública, se pronunció a favor de la utilización terapéutica del cannabis en diversos aspectos: los enfermos de glaucoma disminuyen con su consumo la presión intraocular; los pacientes sometidos a quimioterapia reducen sensiblemente las náuseas y los vómitos asociados a su tratamiento; se estimula el apetito que pierden los enfermos de sida con el síndrome de consunción; en el caso de lesiones de médula espinal y de esclerosis múltiple, el consumo permite controlar los espasmos; también en numerosos dolores crónicos su efecto analgésico es importante, así como un control frente a ataques y espasmos que producen ciertas enfermedades. Estos posicionamientos han permitido que, incluso en EEUU, la marihuana haya alcanzado estatus legal, pudiendo ser prescrita por médicos, aunque con la paradoja de seguir sometida a un mercado ilegal. Algo que, en el futuro, podría cambiar, al menos en Europa, donde se están promoviendo iniciativas para legalizar y ordenar su venta.
Humos Holandeses
En 1976, Holanda despenalizó el consumo y la posesión de pequeñas cantidades de cannabis, pudiéndose vender libremente en las llamadas coffee shops. Posteriormente, otros países europeos, como España, fueron relajando la legislación referente al consumo de estas drogas "de bajo perfil". El experimento holandés ha mostrado que no se produjo un incremento exagerado en el consumo de la droga, manteniéndose principalmente, si atendemos a la edad típica de los consumidores, entre los jóvenes de hasta treinta años. La cifra de consumidores menores de edad (15 años) era en Holanda en el 2001 de un 28%, similar a la española, y menor que el 35% de países más restrictivos como Reino Unido, Chequia o Francia. Por otro lado, los consumidores habituales (a lo largo de toda la vida) tampoco aumentaron, siendo porcentajes similares a los de otros países europeos.
Una acusación habitual a la marihuana es su carácter introductorio al consumo de otras drogas (heroína, cocaína, drogas sintéticas). Sin embargo, tal correlación no se establece directamente a partir de los datos que tras veinticinco años de legislación permisiva elaboró el ejecutivo holandés: aunque los jóvenes holandeses prueban otras drogas -en porcentajes algo mayores que en algunos países, aunque también menores que en otros- la prevalencia del consumo no se da. Las acusaciones de los partidos de la derecha holandesa, sin embargo, hablan de que estas políticas han convertido a los Países Bajos en uno de los centros de tráfico de todo tipo de drogas internacional. Lo que no se ha demostrado es que esto tenga que ver con la permisividad...
(*) Agradezco la corrección de Chewie -reconociendo mi obcecación en la hojarasca- como consta en los comentarios a esta noticia.