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artículos, escritos y demás piezas perfectamente obviables perpetradas por Javier Armentia (@javierarmentia por algunas redes)

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Inicio > Historias > Experiencias con el vehículo eléctrico: 3 - los viajes largos
2023-04-14
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Experiencias con el vehículo eléctrico: 3 - los viajes largos
2023-04-14

El otro día, de forma algo precipitada porque habíamos previsto hacer el trayecto más tranquilamente y pasando una noche de camino para turistear un poco, nos vinimos desde Granada a Pamplona en una sola jornada en el coche eléctrico. Son unos 800 km por autovía, lo que suponía tener que hacer un par de recargas durante el camino. La autonomía promedio del coche supera los 400 km, pero a 120 km/h o en general yendo a la velocidad permitida (una de las buenas cosas de un coche contemporáneo es que uno puede usar los controles autónomos del vehículo para que él mismo decida la velocidad máxima permitida en cada carretera y salvo que sea por puertos o carreteras con mucha curva,donde el Kona es algo temerario y excesivamente veloz, aunque él mismo corrija la dirección) la autonomía es más o menos una cuarta parte menor. A ello hay que sumar que aunque uno intente mantenerse al máximo permitido siempre acabas haciendo algún momento de aceleración para no eternizar los adelantamientos.

(Nota: con la popularización de los sistemas de fijado de la velocidad en los coches, las carreteras se pueblan de vehículos con una evolución muy uniforme y todo el mundo en torno a la velocidad línite, se nota muchísimo quién está usando el pie frente a quien ha dejado a la máquina controlar la marcha. Esto hace que a menudo para rebasar a otro vehículo la velocidad relativa sea de unos pocos km/h y esto significa un adelantamiento de más de medio minuto. Murphy te asegura que en medio de ese proceso siempre te aparece un vehículo por detrás dando ráfagas porque quiere seguir viajando a 130 o más. Uno puede pensar "jódete y te aguantas", pero las más de las veces pisas un poco el acelerador para acabar antes la maniobra: esto chupa batería, claro, como también chupa gasolina, pero si hay algo evidente en la conducción de un vehículo 100% eléctrico es que uno es mucho más consciente del ritmo al que vas gastando la carga de la batería. Cierro paréntesis).

Leía el otro día por ahí, con mucho ruido en las redes sociales, un artículo de ideología anti´-coche eléctrico (¿se podrá decir profósil?) en el que aparecían unos testimonios (lo mismo puras invenciones para cargar la parte emotiva "qué pobre gente, cuánto se sufre, etc") de gente que se enfrenta a problemas para conciliar su vida con el tener que usar coche eléctrico porque no pueden hacer adecuadamente sus trayectos, o les obliga a esperar para recargar... Lo cierto es que es un miedo que todas podemos tener y ciertamente la red de puntos de recarga es insuficiente porque está operando, como en otras cuestiones que he ido recogiendo en esta serie de entradas del blog, el feudalismo de las compañías y la falta de una apuesta pública racional y sistemática en estos temas. Si estamos pensando en la electrificación del transporte por carretera, la infraestructura asociada a la recarga es tan importante como urgente.

En cualquier caso, gran parte de la ruta entre Granada y Pamplona pasa por la A-4, la A-2 y la A-15, siendo las dos primeras densas en tráfico y, por lo que se veía en los mapas en la breve planificación que hice la noche anterior a la salida, con abundantes puntos de recarga normalmente asociados a gasolineras. Cierto que en sábado de semana santa el tráfico podría ser un factor determitante (de hecho por eso evitamos el domingo para hacer el experimento). Como salíamos sobre las 10:30 nos iba a llegar la hora de comer antes de llegar a Madrid, así que esa fue la primera etapa. Había hueco entre los sitios de recarga, y todo funcionaba adecuadamente (por cierto, una vez más tuve que bajar una nueva app para poder recargar, la estupidez habitual que ya conté por aquí

Se trataba de un sitio de carga rápida, así que en una hora teníamos suficiente para continuar el viaje... Y así hasta la siguiente. Es cierto que en tierras sorianas la situación cambiaba porque hay pocas gasolineras, poblaciones pequeñas en el camino y además decidimos hacer el recorrido por carretera convencional a 90 por hora, con mucho menos consumo y viendo el paisaje... Así que hicimos la recarga antes aprovechando para tomar un café. De nuevo era un cargador rápido así que se fue otra hora y tuvimos suficiente para llegar hasta Pamplona, donde ya recargaríamos en el garaje del piso.

Ninguna angustia, ninguna demora o colas. Ojo, que esto podrá pasar y habrá veces en los que el plan previsto se te chafe por culpa de tener que esperar la recarga o por cualquier otra razón. Ya digo que el sistema actual no es ni bueno ni está pensado en hacerlo bueno para el usuario, solamente se trata de hacerlo rentable para la compañía energética. Una vergüenza. Pero eso no es más que dejación de las reglamentaciones y no un problema intrínseco de la movilidad eléctrica por mucho que voces interesadas lo lloren a los cuatro vientos.

¿El resultado en cifras? En otros viajes que hemos hecho durante muchos años con un coche de combustión tardábamos unas 9 horas contando las paradas para comer, repostar y descansar un poco. Esta vez fueron algo menos de 10 horas, ya que la recarga la pudimos hacer coincidir con comida y descanso. Es decir, que incluso en un gran trayecto uno puede invertir un tiempo no excesivamente mayor. El otro dato relevante: incluso contando con lo caras que están las cargas rápidas (0,45 ¤/kWh en algunos sitios), el viaje sale por una cuarta parte del precio en combustible.

En los poco más de 15.000 km de uso del coche hemos hecho ya un fin de semana yendo a A Coruña, otro yendo a Lleida y Tarragona, un viaje que comenzó en Teruel y luego Valencia y que nos llevó la Sierra de Cazorla, todo con salida desde Pamplona. Cierto que con el coche diésel no tenías que pensar si habría sitios donde repostar, porque la red está más o menos completa y esto no sucede con la eléctrica. Pero por otro lado, en tiempos no se pierde tanto, se fomenta objetivamente una velocidad y una conducción más responsable y sostenible (con menos consumo energético además del ahorro de emisiones de CO2 que doy por descontado) y en cierto modo uno se plantea los viajes más como uno de los aspectos interesantes, no solamente como solemos hacer todo el mundo, de considerarlos un mal necesario para ir de donde estamos al destino deseado. Siempre se nos dijo que había que disfrutar del trayecto... bueno, ahora lo tenemos más fácilmente porque por el momento las baterías y su capacidad nos obligan a ello. Hagamos por tanto de la necesidad virtud.

Y hasta aquí la experiencia que cuento hoy. Dentro de unos días tendré que pasar la primera revisión del vehículo eléctrico. Prometo contar las diferencias desde la experiencia que tengo de cuarenta años de vehículo de combustión.

Feliz día de la República.

2023-04-14 09:22 Enlace

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