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  • Inicio > Historias > Los Niños Y La Luna
    2017-12-29
    )

    Los Niños Y La Luna
    2017-12-29

    El otro día leía un tuit de @Cosmocaixa, al hilo del estupendo nuevo programa infantil "El cielo de Cloe" del no menos estupendamente renovado Planetario de Madrid, que comentaba:



    Yo contesté:



    Y es algo que siempre me llamó la atención en el planetario. A partir de los cuatro años, quizá antes, niñas y niños se fijan en muchas más cosas de las que creemos nosotros los adultos, entre otras, la Luna. La Luna que está ahí, arriba y es innegablemente algo que se ve en el cielo. Y en el cielo de día, cuando está despejado, también. Parece que el mundo adulto asume "el cielo es azul y ahí está el Sol cuando no hay nubes". Y punto. Todo lo que añadamos al paisaje del cielo diurno, nubes aparte, será algo como aviones o así.

    LOS ADULTOS Y LA LUNA


    Parecería una reflexión un tanto santexuperiana, que la mirada del mundo adulto está más constreñida por lo aprendido y los lugares comunes de lo que nos gusta asumir. Y es cierta, especialmente con la enorme injusticia que practicamos con la Luna. En el planetario explicamos a menudo cosas de las fases de la Luna. Los mayores suelen ponerse condescencientes como diciendo que esa lección ya se la sabían desde la infancia y que no va con ellos. Ya sabes: eso de que la Luna es mentirosa, que parece una D cuando crece y sin embargo una C cuando decrece. Que las fases pasan de nueva a cuarto creciente a llena a cuarto menguante y vuelta a empezar. O quizá al revés, qué más da (más de uno lo cambia).

    Sin embargo, si preguntas a un público adulto cuándo ven la Luna por la mañana o cuándo por la tarde,la gente es incapaz de ponerse de acuerdo. La recetilla de la C y la D (que por otro lado sólo funciona en el Hemisferio Norte o cuando no estás del revés, como la niña que protagoniza una película del Planetario de Pamplona) no aclara casi nada. De hecho, pensemos que ni siquiera ahonda en el hecho de que lo que vemos es la parte iluminada por el Sol y que por lo tanto es lógico que esa región luminosa de nuestro satélite sea la que apunta hacia donde está nuestra estrella. Y que es lo fundamental: entender que la Luna está iluminada por el Sol y solo vemos esa parte hemisferio visible, de la cara cercana de la Luna. (Ojo: eso de que vemos sólamente el fragmento iluminado es una simplificación pues si nos fijamos la parte nocturna de la Luna es fácilmente observable, mejor de noche cuando hay un buen contraste con el cielo estrellado, no de día por la luz difundida por nuestra atmósfera).

    Ah, los adultos ya comienzan a torcer el morro con cosas como lo que he escrito en el párrafo anterior, porque parece que el esquema mental "Sol = día, Luna = noche" (que es el que subyace en el mundo de las personas que han pasado por el sistema educativo) se complica. Cosas de los astrónomos, concluirán casi todos y ahí lo dejamos.

    ¿Cómo ha sucedido esto? En los libros de texto se acude a una simple enumeración de las fases de la Luna y a la explicación gráfica de la órbita de nuestro satélite, a veces complicada en un gráfico más completo donde aparecen Tierra, Luna y Sol y así de paso se meten los eclipses. Pero eso se ve muy temprano y pocas veces aparecerá en los estudios posteriores. En el Decreto Foral 60/2014 (PDF, que regula el currículo de las enseñanzas de Educación primaria en la Comunidad Foral de Navarra (es lo que tengo más a mano y con lo que trabajamos a diario en el Planetario de Pamplona), el asunto de la Luna aparece en 1º de primaria en Ciencias Sociales, en el bloque 2: "El mundo en que vivimos", como una parte del análisis que se pretende que el alumnado realice sobre su entorno natural, y como criterio de evaluación el "observar, indagar y conocer algunas características del Sol, la luna (sic) y las estrellas, describiendo algunos fenómenos cotidianos como el día y la noche".

    No es hasta 3º de primaria cuando aparece, también en el segundo bloque dedicado al mundo en que vivimos, el contenido de "la Luna y sus fases". El cuarto criterio de evaluación de ese bloque reza: "Describir características básicas de la Luna y de los movimientos que realiza, identificando las fases lunares y sus consecuencias" (así, sin especificar, seamos benévolos, que se referirá a mareas y eclipses y no a otras cosas...). Los estándares de aprendizaje evaluables correspondientes son simplemente la descripción de la traslación de la Luna e identificación y dar nombre a las fases lunares.

    Dos años más tarde al menos, en 5º de primaria, se insistirá, en ciencias sociales en el mismo bloque del mundo en que vivimos, en "la Luna: Movimientos lunares de órbita alrededor de la Tierra y rotación propia" y "fases lunares. Influencia de la Luna sobre la Tierra: eclipses y mareas". (Nota: hasta una tercera parte del movimiento mareal que vemos se debe al Sol y el resto a la Luna, algo que NUNCA se explica...). El criterio de evaluación en quinto se ha estancado: "Explicar características de la Luna y de los movimientos que realiza, identificando las fases lunares y sus consecuencias". Ahora bien, los estándares amplían: definir la traslación, identificar las fases, explicar de manera sencilla la formación de las mareas "como consecuencia de la influencia de la Luna sobre la Tierra", describir la formación de los eclipses y nombrar los diferentes tipos.

    Y no habrá más. No me meto en lo de secundaria, pero no crean que la cosa va a cambiar excesivamente porque el mal ya está hecho. Como pasa con todo lo relacionado con el cielo, parece que realmente el cielo no exista como experiencia u objeto que se puede observar, que plantea interrogantes y que con conocimiento podemos resolverlas. Y sobre todo que permite un trabajo activo sobre algo que se ve en el cielo sin más que mirar más allá del libro de texto o la pizarra. No quiero hacer crítica al sistema educativo más allá de lo obvio, no entro a cuestionar temas curriculares ni siquiera pedagógicos (no es el lugar ni mi capacidad) pero sí se ve que en el camino de la enseñanza lo poco que hay de la Luna se quedará en poco menos que dos cosillas.

    Lo malo es que luego está el mundo. Por ejemplo, las películas de terror en las que todas las noches son plenilunio. Algunas famosas obras que conforman el género tienen la curiosa descripción de un mundo en el que la Luna está SIEMPRE llena. Y todas las noches tienen una Luna ahí. O las descripciones mitológicas y religiosas de Sol y Luna que siempre separaban noche y día con ellas. La literatura de tanto escritor que simplemente usaba la visión estereotipada para dar un ambiente feérico a la escena poniendo una Luna al tuntún.


    LOS NIÑOS Y LA LUNA


    No sé si es porque la gente pequeñita suele mirar el mundo echando más la vista arriba que los que luego hacemos más shoegazing de ese... al fin y al cabo son más bajitos y las cabezas que quieren dirigirles quedan por encima, así que hay que mirar para arriba. Niñas y niños miran más al cielo que los mayores, aunque solo sea por esa diferencia de altura y posición. De la misma forma que ello les permite descubrir recovecos que a nosotros nos exige inclinarnos y no es cosa, que las lumbares ya no son lo que fueron (o la barriga lo complica más allá de lo conveniente), les hace tener mucho más patente dónde anda el Sol o la Luna o lo que sea ahí arriba.

    Y porque miran al mundo de manera más interrogativa que nosotros, que parece que ya lo sabemos todo (o se nos supone ese conocimiento). Por supuesto que saben que la Luna se ve durante el día, esto es, con el Sol en cielo, más veces que lo contrario. Sólo unos pocos días en torno al novilunio o plenilunio (ponle cuatro días al mes) podemos decir "la Luna no está" cuando está el Sol por ahí luciendo. (Reitero: sin nubes por ahí complicando la cosa).

    No es cierto que TODOS los niños sepan dónde está el Sol y la Luna en cada momento. Simplemente que aún tienen registrado eso del Sol y la Luna como parte de las cosas que pertenecen al ámbito más cercano. En parte, la necesaria explicación curricular de que son "astros", que están lejos, que su movimiento es ordenado como la rotación o la traslación terrestre, será culpable de que los vayan apartando de las cosas interesantes, a las que prestaban atención.

    Un niño que va pasando por la enseñanza primaria entenderá muy bien lo del Sol, la Luna, los planetas y todo eso, pero habrá ido perdiendo (si no se cuida lo contrario) la emoción por el cielo.

    Y ahí es donde entramos los planetarios, las agrupaciones astronómicas, las fiestas de estrellas y las plantás de telescopios, la ciencia en la calle y demás saraos. Para recordarles, por ejemplo, a los chavales, que ellos saben cosas que los mayores no saben, y que pueden enseñarles por lo tanto algunas cosas fáciles de aprender.

    Por ejemplo: podemos explicarles realmente cómo se ilumina la Luna por el Sol y nosotros vemos la cara donde es de día. Y cómo el mes lunar, comenzando en la luna nueva, nos permite ver que separamos en el cielo a la Luna del Sol, día a día más hacia el Este del astro rey. Y que por lo tanto veremos la Luna más tarde que el Sol por la mañana, y la seguiremos viendo por la tarde incluso tras la puesta de sol. Creciente = que se ve tras la puesta de Sol.

    Cuando sea llena, necesariamente, el Sol estará al otro lado. Y es de cajón, porque la vemos entera. Como es de cajón que por lo tanto la noche será una noche llena de Luna... llena. Pero que eso durará unos pocos días en torno a la fecha del plenilunio. Y que luego, siguiendo su camino alrededor de la Tierra, la Luna comenzará a acercarse al Sol, de manera que la tendremos "del otro lado" (esto siempre es confuso, como lo del "Este" que he dicho antes evitando decir "a la izquierda" que es engañoso según dónde estemos en nuestro planeta redondo). Pero como se acerca al Sol por el Oeste, vemos a la Luna salir más tarde por el horizonte, o bien ponerse más tarde, cuando ya el Sol ha salido por el otro lado. Durante el medio mes en que la Luna decrece la vemos al final de la noche y durante la mañana.

    ¿Suena confuso? Sin duda, pero es algo palmario cuando lo piensas, cuando te dejas los clichés de lunas mentirosas y noches de plenilunio. Un poco más de trabajo nos permitiría intuir cuándo será que se produzcan los eclipses, y hasta podríamos entender por qué a lo largo del mes hay mareas vivas y mareas muertas, atendiendo a las posiciones de la Luna y el Sol vistos desde la Tierra. Y todo por el mismo precio... un precio ridículo porque, y es lo terrible, lo que menospreciammos, las niñas y los niños YA SABEN dónde están la Luna y el Sol.

    Solamente es cosa de estimularles para que indaguen cómo día a día van bailando una danza maravillosa en el cielo. Algo único de nuestro planeta, por lo que sabemos del Universo. Algo que, simplemente, sería una burla mecánica en un estúpido mundo plano.

    A aquellas criaturas que viendo así la Luna y al Sol en el cielo llegaran a sentir que se estaban ellas mismas moviendo con la Tierra dando vueltas en el cielo, les apuntaríamos rápidamente a un curso o un taller de astronomía, porque posiblemente serán las mejores astrónomas del mundo. O al menos, podrán enamorarse también cuando sean personas adultas, de algo que es posiblemente lo más bello que nos ha dado la Naturaleza.

    Digo yo...

    2017-12-29 13:10
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    Comentarios

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    De: Luis Fernando Arean Alvarez Fecha: 2017-12-29 20:54

    En México, en segundo de primaria, se decía que las estaciones se debían a la distancia de la Tierra al Sol. Así, sin despeinarse. En tercero lo corregían, pero jamás he entendido por qué divulgaban una falsedad. ¿Tal vez pensaban que los niños no entenderían la inclinación del eje?



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